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Por encima de un par de decisiones de pura apreciación, el colegiado controló en todo momento la situación, mantuvo el criterio y no se dejó intimidar. Acertado en general

Clos Gómez completó un buen arbitraje en el Real Madrid - Barcelona de la ida de las semifinales. Por encima de dos o tres decisiones minuciosas, el colegiado mantuvo el mismo criterio durante todo el choque en el ámbito disciplinario para los dos equipos. Además, en ningún momento se dejó sobrepasar por los actores, que ciertamente, le ayudaron mayormente a realizar su trabajo.

Empezó bien el árbitro en una acción de Piqué justo al borde del área, donde derribó a Cristiano Ronaldo. Bien observando que era fuera del área y correcto también amonestado a Piqué.

No hubo muchos problemas en las áreas. Se protestó un balón que sí que golpeó en la mano de Dani Alves en el área, no obstante, fue a las claras involuntaria, pues despejó el balón y en la caída cayó sobre el esférico.

Los pequeños errores que cometió, por lo que no se puede suspender su actuación, cayeron del lado desfavorable al Barcelona. Debió ser expulsado Carvalho por una mano desde el suelo para rebañar el balón a Messi cuando ya estaba amonestado. También, y a instancias del juez de línea, anuló una jugada en la que Pedro se quedaba solo ante Diego López con casi treinta metros por recorrer. El tanto del empate madridista llegó en una jugada que fue decretada corner, pero en realidad debió ser señalado saque de puerta.

Fue una noche que Clos Gómez sacó adelante con solvencia. No se dejó seducir por el teatro de Alves, impuso su terreno ante las airadas protestas de Callejón, y en todo momento mantuvo un arbitraje monocorde, sin volantazos.

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