ESPECIAL MUNDIAL: Los partidos más sospechados de los Mundiales-Parte I

No siempre triunfa el que lo merece, pero muchas veces por culpa de terceros... el dinero y la política han sabido meter el rabo también en los Mundiales.

Por Nicolás De Marco.- (Sígueme en Twitter)

¡…Así, así gana el Madrid! El grito eternizado y crucificado. Ideado y ejecutado espontáneamente en 1979 por la afición del Sporting Gijón. Coreografía sonora en cada campo en que el conjunto Merengue gana dudosamente.  Décadas antes de aquella tarde en que la expulsión al argentino Enzo Ferrero favoreció a la entidad Blanca- el grande de la ocasión-, la duda y la sospecha se habían hecho el amor una y otra vez. Del fruto de esa unión nacieron la polémica y su hermano mayor, el amaño.

Sobornos, propagandas políticas, regímenes dictatoriales en busca de aprobación, seleccionados que venden más que otros, la mafia de las apuestas. A continuación, algunos cotejos que han sido viciados de irregularidades.

Final Uruguay - Argentina de 1930 (4-2).

El considerado mejor jugador argentino, Luis Monti, confesó que recibió amenazas a él y a su madre para que no jugara el partido. Se supo más tarde que la mafia italiana enviada por Benito Mussolini era la encargada de los anónimos, con el fin de que jugadores albicelestes perdieran la final, sintieran la presión del pueblo gaucho y dejen su país para poder llevárselos a la Azzurri.

En la Argentina, debido a una orden de los directivos, se decidió alinear a Francisco Varallo en lugar del titular, Alejandro Scopelli. Varallo estaba lesionado y aclaró que no podía jugar, fue revisado por un médico que recomendó lo mismo. Sin embargo, debió entrar al campo. El resultado: tuvo que salir a los 15 minutos, y como no había cambios la Argentina afrontó más de 70 minutos con un hombre menos. Se supo luego que los directivos argentinos recibían dinero de los espías italianos...

Cuartos de final Italia-España de 1934 (1-1; 1-0).

“No sé como hará, pero Italia debe ganar éste campeonato". Eso le dijo Benito Mussolini al Presidente de la Federación Italiana de Gioco Calcio, Giorgio Vaccaro, quien respondió que se haría todo lo posible. “No me ha comprendido bien general, Italia debe ganar éste Mundial. Es una orden”, replicó Il Duce.

Ante eso, era de esperar que el campeón fuera la Azzurri, el local. Sin Uruguay,  con Argentina y Brasil en no su mejor nivel, y con ‘pitos’ influenciables, Italia se consagró sin mayores sobresaltos. En cuartos de final eliminó a España en el partido desempate.

En el primer match (1-1), el colegiado Louis Baert no sólo fue demasiado contemplativo con Luis Monti sino que convalidó el gol del empate conseguido por Ferrari, tras una carga alevosa de Schiavio sobre el portero Zamora. En el desempate, disputado un día después en el mismo estadio, el pito suizo Mercet otra vez fue protagonista. España, perdiendo y diezmada por las patadas italianas de 24 horas antes, consiguió un gol que fue anulado por el juez. El partido finalizó 1 a 0. Dos meses más tarde la Federación Suiza de Fútbol proscribió de por vida a Mercet por acciones antideportivas.

Cuartos de final, Inglaterra-Argentina (1-0) y Alemania-Uruguay (4-0)  de 1966.

En el cotejo de los anfitriones, el juez alemán Kreitlein expulsa al argentino Rattin argumentando que éste lo había mirado mal y en consecuencia entendió que lo había insultado. ¿Cómo hizo para entender un alemán el insulto del sudamericano? Un dato: el presidente de la FIFA en ese entonces era justamente nacido en Inglaterra, Sir Stanley Rous.

El otro partido tuvo al colegiado inglés James Finney, y el resultado fue de 4-0 a favor de los alemanes. Todas las jugadas eran pitadas a favor de los europeos. Un claro penalti no sancionado y cometido por Schnellinger, que tocó la pelota con la mano, y dos expulsiones para la Celeste.

Otro dato: pocos días antes de ambos partidos, los representantes de Argentina y Uruguay fueron citados en un hotel londinense para el sorteo de los colegiados. Pero llegaron –a la hora prevista- y se encontraron con que el “sorteo” ya se había efectuado.

El brasileño ex mandamás de FIFA Joao Havelange, palabra autorizada en el mundo fútbol, dijo de aquel Mundial: "En los tres partidos de Brasil había tres árbitros y seis asistentes. Siete eran ingleses y dos eran alemanes. Fue para destruir a mi equipo. Y lo destruyeron. Pelé se fue lesionado". Es de destacar que en el encuentro ante Portugal, el brasileño fue sacado de la cancha por reiteradas faltas violentas, mientras el inglés Mc Cabe sólo atinaba a mirar.

Segunda Ronda Argentina-Perú  de 1978 (6-0).

El tenístico resultado tiene su razón de ser. Argentina jugaba en casa. El país era comandado por una sangrienta dictadura militar deseosa de obtener un logro deportivo de tamaña dimensión que le diera popularidad. Los albicelestes necesitaban vencer a Perú por una diferencia de cuatro goles para conseguir el pase a la final. Y comenzaron las cosas raras…

 Cuatro tantos necesitaba la albiceleste y paradójicamente, cuando la Argentina convertía el cuarto gol, el de la clasificación, estalló una bomba en la casa del Secretario de Hacienda Juan Alemann que había cuestionado los gastos realizados durante el torneo y formuló algunas preguntas inconvenientes. En su momento, el almirante Carlos Alberto Lacoste –más tarde vicepresidente de la FIFA de la mano de Joao Havelange- le respondió con una ironía que no fue tal: “Después no se quejen si les ponen una bomba…”

La defensa andina dio excesivas ventajas -para muestra basta con mirar los goles-, quizás influenciada por el dinero que se dijo recibieron por menudo favor. El 6-0 tuvo su razón de ser, Argentina llegó a la final y se coronó con el 3-1 a Holanda. Se supo más tarde que dos integrantes de la Junta Militar –Jorge Videla y Emilio Massera- que gobernaba el país gaucho ingresaron al vestuario peruano acompañados por otros militares.

Se habló de sobornos confirmados más tarde por jugadores peruanos. El defensa Rafulfo Manzo, uno de los más cuestionados, lo denunció un año más tarde: “Antes del partido con Argentina atendí un llamado telefónico en mi habitación de la concentración. La voz, que tenía acento argentino y me trataba de manera peyorativa, discriminatoria y racista, me dijo de muy mala manera que les comunicara a mis compañeros que nos pagarían 50 mil dólares a cada uno si permitíamos la clasificación de Argentina…”

El 8 de octubre de 1998, en un reportaje al diario La Nación de Buenos Aires, el portero argentino nacionalizado peruano, Ramón Quiroga, que disputó aquél partido confirmaría que se “vieron cosas raras”… “Pienso que el árbitro de aquel partido (Argentina 6 v. Perú 0; habla del francés Robert Wurtz) estaba retocado . Y el línea también (el italiano Sergio Gonella). Argentina nos hizo dos goles en offside, uno de Luque y otro de Tarantini o no sé quién. Creo que estaban adelantados... Creo”. Además, Quiroga deja sospecha sobre la actitud de Manzo y de su entrenador: “En el gol de Tarantini, el negro Manzo se agacha y lo deja solo. No sé ni dónde anda Manzo ahora. Era buen jugador, pero no lo queríamos. Vimos cosas raras y le dijimos a Marcos [el seleccionador], en el entretiempo, que lo cambiara. Y no sólo se lo dije yo, también Chumpitaz”.  Pero eso nunca sucedió... y el portero expone aún más sus dudas sobre el entrenador:  “ Ese partido lo jugaron jugadores que no habían estado en ningún otro partido. Jugó Gorriti, que regala el cuarto o quinto gol. Jugó Manzo, jugó Rojitas...”

También otros jugadores peruanos terminaron por confirmar que los brasileños les ofrecieron 5000 dólares a cada futbolista si impedían la clasificación argentina. Luego trascendió la versión de que el gobierno argentino habría negociado el partido con sus pares de la dictadura peruana comandada por Francisco Morales Bermúdez. Varios barcos cargados con 35 mil toneladas de trigo partieron hacia Lima y el gobierno peruano recibió un préstamo argentino–cuestionado por Alemann- de 50 millones de dólares sin interés.

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