Especial Fichajes: Las certezas del mercado

Más allá de nombres y destinos, el mercado se mueve a partir de otros factores invisibles: intereses, ambiciones, deseos y objetivos, todos en un mismo lodo, revolcados...

Por lvar Matusevich: Follow adrianboullosa on Twitter

En tiempos de mercado, sea lo que sea el producto a vender, el pánico, resultado de rumores infundados, juega de papel desencadenante para convenir el precio final y el acuerdo, o no, de las operaciones en curso.

En términos específicos, ya dentro de nuestra materia, el fútbol, los antecedentes cuentan poco y el ambiente, aún más que en otras actividades, está viciado de incertidumbres

Nosotros, y superficialmente, intentaremos enunciar las mínimas certezas que creemos tener en torno a los jugadores, clubes y un entrenador que, pensamos, dará que hablar aunuque ya esté fichado.

Transferencias, rumores, virtudes, defectos y muchos millones, pueblan las esperanzas de los aficionados que, a pesar de todo, aún no han encontrado respuestas...

Allá vamos con los nombres de moda:


Alguien lo empujó hacia el abismo prometiéndole todo el oro y las alhajas del último tesoro escondido en la otra orilla.

Sin embargo, con el correr de los días, la red que lo iba a proteger de una caída estrepitosa, ha desaparecido, el Real Madrid no mueve ficha, el Atleti no lo vende y el Kun, en el medio de la nada, aborrecido por la afición colchonera. Si le importa o no, lo dudamos.

Quien quiere no traiciona y el argentino lo hizo. De futuro incierto, la única certeza que nos queda es su falta de valores, tal y como dio a entender Cesc Fábregas.


El jugador del Arsenal es indispensable para el futuro del Barcelona.

No es cuestión de mercado ni de amortizaciones y como Pep Guardiola no le susurre al oído un par de razones sin contra-argumentos, el Barça puede perder al único jugador del mundo que puede llegar, reemplazar a Xavi, sentir los colores y erigirse en símbolo del club.

Joven, crack, honrado e inteligente, son valores que, hoy por hoy, ostenta el Barça. ¿La certeza? ¡Es imprescindible!




El Real Madrid, creemos humildemente, no lo necesita.

Sin embargo, la fuerza de Jorge Mendes -agente-, el totalitarismo de José Mourinho -ser supremo- y la no presencia de Florentino Pérez -táctica del poder-, suponemos, pueden derivar en que el club pague unos 25 millones por un lateral zurdo en  zona sin urgencias: ya tiene a Marcelo –enorme temporada-, cuenta con Arbeloa, si quiere defender, y Ángel Di María como el complemento ofensivo perfecto.

Mou sabrá por qué
   

El Atlético de Madrid dirige sus naves hacia el desastre total y absoluto y qué mejor que Gregorio Manzano para capitanear una flota que hace agua hasta en los vasos.

Adaptable como pocos, Manzano ya declaró que prefiere los 45 millones del Madrid por Kun que menos dinero de otros.

¿Es que no sabe lo que siente la afición que deberá respaldarlo? ¿Para qué equipo juega? La única certeza es que, salvo milagro, el Atleti terminará por explotar en mil pedazos.

Han hecho, durante años, todo lo que no se debía hacer.


No sabemos si es verdad, mentira, ficción, carnaval o una obra de teatro en 15 actos que se llama Al mejor postor.

La actitud del Udinese asquea a propios y extraños y el jugador no abre la boca más allá de trascendidos interesados.

No entraremos a valorar si es o no jugador para el Barça o el United, pero si Pep y Fergie lo quieren,  ¿quiénes somos nosotros para decir lo contrario antes de verlo adaptado en esos equipos?

Por tanto, las dudas son varias, pero la certeza una: se vende ser humano en subasta.


Enorme talento para el regate y desequilibrante en el uno contra uno, Neymar tiene grandes virtudes.

Sin embargo, su lado humano plantea interrogantes que deberían repercutir negativamente en el precio del jugador, ya comparado, por su agente, con Messi.

El Real Madrid tiene que andar con pies de plomo para decidirse por una inversión que no bajaría de los 40 millones.

Repetimos: como jugador es, potencialmente, un crack. Como profesional, sus antecedentes no son los mejores. La certeza, precisamente, es la duda.