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Anfield no es suelo prolófico para canteranos en los últimos años y, por ello, aún recuerda con gran emoción el último juvenil que salió con fuerza de su cantera: Neil Mellor.

José David López.-

La llegada de Rafa Benítez al Liverpool se considera un punto y aparte en la progresión de un equipo que, con el técnico español, cerró 21 años de paciencia por la Copa de Europa y regresó al primer plano mediático en el momento justo del crecimiento en la Premier League.

Casi designado por el caprichoso destino (jamás llueve a gusto de todos) y dentro de la reestructuración que aún hoy se vive en suelo Red (y que incluye un nuevo estadio en camino), la plantilla ha sufrido cambios drásticos para amoldarse a lo que Rafa y su estilo de juego proponen. Muchos vieron un revolucionario táctico, un técnico con un perfil claro de juego y de los jugadores que necesitaba para ello - siendo destacada en este aspecto la llegada de hombres de su confianza como Xabi Alonso, Luis García, Sissoko o Torres - pero también la absoluta desaparición de los canteranos a los que tanto veneraron en The Kop tiempos atrás.

La actual plantilla del Liverpool cuenta con Carragher y Gerrard como únicos estandartes del orgullo ‘mamado’ en la Liverpool Academy de Kirkby. Las mayores dificultades que ahora encuentran los que intentan seguir su estela, que tienen que luchar contra jóvenes extranjeros y contra el mayor nivel de la Premier actual, les deja casi hundidos en un sueño de recreación imposible. Esa vuelta a la realidad sólo tuvo un valiente que tocó el cielo pero, casi como un efecto de inmersión, volvió a su calabozo: Neil Mellor.

Hijo del ex jugador del Manchester City Ian Mellor, Neil triunfó en los reservas del Liverpool a base de romper registros goleadores. Sus casi cien goles en tres temporadas con el filial, le valieron el apodo de Gerd, en comparación con el histórico goleador alemán, Gerd Muller (el ‘bombardero de la nación’). Aquellos prometedores números le dieron la opción de debutar con el primer equipo y cumplir el sueño que había perseguido desde que entrara en la cantera Red con sólo ocho años. Doce más tarde, se presentó en Anfield gracias a la confianza de Houllier, que pronto lo cedió al West Ham para foguearle.

Sin embargo, lo que prometía ser un año de progresión para volver con un puesto fijo (le habían renovado para tres años más), se convirtió en el principio de una pesadilla eterna. Una lesión le dejó mal parado durante tres meses y, a su regreso, los Hammers estaban en plena crisis y cambiaron hasta en tres ocasiones de técnico en unos meses (Glen Roeder, Trevor Brooking y Alan Pardew), lo que no permitió a Mellor alcanzar la madurez que en Mersey esperaban.

De vuelta con los reservas, sus diez goles en cuatro partidos volvieron a destacarle como una perla a punto de explotar. Regresó al primer equipo, se estrenó con dos goles en Carling ante el Middlesbrough, fue titular en Champions en un partido con todo decidido ante el Mónaco y dio una asistencia en el partido clave contra el Olympiakos, con lo que parecía que su carrera tomaba de una vez por todas el perfil adecuado. Mellor estaba ante sus días de gloria y tocó techo ante el Arsenal en el que será, para siempre, el partido de su vida. Con un frío empate (1-1) y ya en el descuento, Neil agarró una pelota desde 30 metros y la pegó con violencia, sin tapujos, como si allí se acabara la oportunidad que siempre había deseado y que no podía dejar pasar. El producto de aquel momento de liberación canterana fue un zapatazo tremendo que se marchó a la red gunner como un obús entre la locura de Anfield, que por fin podía venerar a su nuevo semi-dios.

Aquella aparición no iba a encontrar continuidad, pues una doble cirugía en ambas rodillas le apartó de su momento de gloria. Esa Champions de Estambul, la del desenlace más caprichoso de la historia, también era, en parte, gracias a Mellor, quien tuvo que conformarse con verla en casa con muletas en mano. Y es que sus constantes lesiones le impidieron rendir en otra cesión al Wigan y en su primer año en el Preston North End; es en este club, ya en su segunda campaña, donde intenta olvidar sus aspiraciones de niñez para centrarse en el ascenso a Premier (este domingo anotó un nuevo gol), el reto que persiguen los Lilywhites.

Así pues, cuando Anfield vuelva a ser esta noche el escenario temido por toda Europa, desde ‘The Kop’ gritarán a Gerrard, Torres o Kuyt como un día lo hicieron por Mellor, el último ‘Red-boy’.