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Super Copa

  • 14 de agosto de 2011
  • • 22:00
  • • Estadio Santiago Bernabéu, Madrid
  • Árbitro: Fernando Teixeira Vitienes
  • • Espectadores: 80000
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Supercopa: Real Madrid y Barcelona nos regalaron un partidazo (2-2)

Supercopa: Real Madrid y Barcelona nos regalaron un partidazo (2-2)

Primer partido de la temporada 2011-2012: nada menos que un Real Madrid-Barcelona. Los merengues no pudieron ganar un gran partido en el que Leo Messi volvió a ser la gran figura.

A estas alturas, es decir, sin nada más que amistosos detrás, mejores o peores eso sí, resulta imposible plantear favoritismos que se desprendan como consecuencia inmediata del momento de los equipos.

Cuando se debuta oficialmente todo es un interrogante: cuestiones físicas, mentales y técnicas coquetean con la posibilidad de imponer un estilo o ser víctima del juego rival.

Así pues, llegar al primer duelo oficial del curso 2011-2012 borracho de certezas es, simplemente, ridículo. Eso sí. El Barça sabe a lo que juega mientras que el Real Madrid busca el antídoto definitivo que tire por los suelos la supremacía planetaria de Pep Guardiola y su plantel.

La Supercopa, en este sentido, tampoco plantea una prueba definitiva pero dará aire y fuerzas al vencedor del trofeo.

Si la gana el Real Madrid puede convertirse en un buen indicio anímico. Por el contrario, si el Barcelona vence, todo habrá continuado igual pero con la salvedad, nada despreciable, de que a Mou le quedará una vida menos a la cual recurrir porque el tiempo juega en su contra. Y en un grande, el tiempo, perdón por la redundancia, tiene filo y corta hasta las mismas entrañas.

Y la pelota comenzó a rodar…


EL PARTIDO

José Mourinho y Pep Guardiola se decidieron por las siguientes alineaciones: Real Madrid con Casillas; Ramos, Pepe, Carvalho, Marcelo; Xabi, Khedira, Di María, Özil; Cristiano y Benzema. El portugués apostaba por lo mejor de su plantilla.

Por su parte, el campeón de España y Europa saltaba al campo con Valdés; Alves, Mascherano, Abidal, Adriano; Keita, Thiago, Iniesta; Alexis, Messi y Villa. Xavi, Busquets y Piqué, tocados, fuera del once inicial, al igual que Pedro. Alexis, titular: veríamos de qué madera está hecho El Indomable. ¿Demasiado riesgo para un Clásico? Pep sabe cómo está cada uno de sus jugadores.

El césped corto y húmedo, Pepe de central, sin trivote y una formación ofensiva, es decir todo lo contrario a lo que hizo Mou la temporada pasada. Al final y en silencio, el portugués reconocía cada uno de sus errores.

Guardiola, invicto en el Bernabéu, aspiraba a continuar su hegemonía con otros solistas, menos habituales y todo por demostrar, tales los casos de Alexis y Thiago Alcántara. De ganar, bordearía lo heroico y si perdía, la presión sería mínima: al fin y al cabo afrontaba una final sin cinco de sus titulares, todos ellos, además, campeones del mundo.

Dejamos los preámbulos y nos metemos de lleno en el  partido. El Real Madrid salió con todo, a presionar arriba a un Barcelona que buscaba hacer pie pero que sólo encontraba la pelota a través de las apariciones de Iniesta, muy activo desde el inicio. Leo y Alexis intentaban asociarse pero la medular blanca ahogaba a los culés. Era lo esperado, pero el Barcelona no se inmutaba y aguardaba su momento.

Sin embargo, Benzema tuvo la primera y Valdés tapó de forma milagrosa su cabezazo. Los merengues eran más  peligrosos pero no abrían el marcador hasta que en una contra de Karim a espaldas del flojo Adriano, finalizó con un mano a mano de Özil para el 1-0 justo, golazo incluido.

Xabi Alonso y Khedira imponían su ley en la zona del campo en donde Iniesta se diluía, Thiago no aparecía y Keita corría detrás de las sombras madridistas. Era el mundo al revés: los de Mou apretaban, tocaban y profundizaban mientras los blaugranas se mostraban muy endebles por su costado izquierdo. Párrafo aparte merece Mesut Özil que, amén del golazo, se movía a placer entre las líneas de un inédito mediocampo culé.

Con el transcurrir de los minutos, el ritmo de un Madrid con más rodaje y entrenamientos que su rival, se fue cayendo. El Barça y Thiago Alcántara ahora sí tenían la pelota y el mundo se parecía más a lo que ya conocíamos. Leo Messi venía a buscar y en un primer pase avisó que estaba en el Bernabéu. No necesitó más y en su segunda aparición seria encaró, pasó a un par de jugadores blancos y buscó al pie a David Villa quien, con un remate de otro planeta, la clavó en el ángulo para el 1-1.

Sólo era el comienzo: a la tercera, el mejor jugador del mundo, con cuatro entrenamientos en sus piernas, ganó un cuerpo a cuerpo con Khedira y Pepe, enfrentó a Casillas y la mandó a guardar: 1-2 inesperadísimo, pero Messi y el Barcelona son lo que son. Los de Pep, menos trabajados y sin muchos de sus titulares, daban vuelta el partido y mucho más que satisfechos se fueron al descanso.

Ya en el complemento, ambos equipos parecían reflejar el estado de ánimo con el que finalizó el primer tiempo. Y como si fuera poco, el Barcelona hacía oficial el fichaje de Cesc Fàbregas. En cuanto al juego, los blaugranas manejaban el ritmo y su presencia se reflejaba en los enormes talentos de Thiago Alcántara, Andrés Iniesta y Leo Messi que dominaban la situación mientras Mou metía a Coentrao por Di María.

Sin que nada nos lo hiciera sospechar, el Madrid encontró el empate gracias a Xabi Alonso que, con un tiro raso desde fuera del área, puso el 2-2 justo cuando los blancos parecían caerse. El partido seguía vivo y Pep Guardiola mandaba a Xavi Hernández por Thiago. Callejón por Khedira la segunda carta de Mou para ir a por el tercero. Piqué por Adriano el siguiente cambio de Guardiola. Todo podía ocurrir.

Con Fabio Coentrao, el Real Madrid encontró el aire que parecía haber perdido y a fuerza de correr y presionar, los merengues dominaban el partido. Guardiola esperaba en medio de un dilema: ¿Busquets para tenerla o Pedro para profundizar? Eran minutos de zozobra para el Barça que volvía a sentirse físicamente inferior, con un Alexis Sánchez superado por el partido y mucho más ansioso e impreciso que lo recomendable. Pep puso a Pedro por Villa, decidiendo respaldar y valorar el esfuerzo del chileno, de flojo, pero voluntarioso debut.

El  tiempo corría hacia el inexorable final con ambos conjuntos felices por lo hecho. El Real Madrid porque, con su estilo físico y aguerrido, jugó de igual a igual e, incluso, mereció algo más. El Barcelona, por su parte, con menos trabajo atlético y demasiados cambios para afrontar una final, porque demostró su entereza de la mano de Leo Messi, la figura del partido. Un empate 2-2 con grandes emociones y, sobre todo, con dos equipos a la altura de lo que mandan sus respectivas historias.




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