El origen de esta batalla legal se remonta a los caóticos momentos finales de la final disputada en enero. Ya en el tiempo de descuento, el árbitro Jean-Jacques Ndala pitó un polémico penalti a favor de los locales. En señal de furiosa protesta, el seleccionador de Senegal, Pape Thiaw, ordenó a su equipo que abandonara el terreno de juego, lo que provocó un retraso de 17 minutos. Aunque los jugadores acabaron regresando y se impusieron por 1-0 en la prórroga, el organismo rector intervino a posteriori. La CAF dictaminó que la retirada del terreno de juego infringía flagrantemente el artículo 82 del reglamento del torneo, lo que activó el artículo 84, que establece la eliminación definitiva y una derrota por 3-0 por abandonar el terreno de juego sin autorización.