Tras vencer al Barça a finales de octubre, el Sevilla sumó solo cuatro triunfos en los siguientes cinco meses, hasta el cese de Almeyda. El equipo, 15.º, estaba en apuros y el club optó por medidas drásticas. Luis García, técnico español con amplia experiencia en LaLiga, tomó el mando, pero el equipo siguió bajando en la tabla.
En su debut, a principios de abril, el equipo cayó 0-1 ante el colista, el Oviedo. Dos semanas después perdió 0-2 contra el penúltimo, el Levante; entre medias, la sorpresiva victoria 2-1 sobre el Atlético de Madrid ilusionó. No obstante, el triunfo no fue tan sorpresivo, pues Diego Simeone rotó a casi todo el once habitual entre los dos duelos de Champions contra el Barça. Sin Antoine Griezmann, Julián Álvarez, Marcos Llorente ni Giuliano Simeone; Ademola Lookman solo jugó los últimos 20 minutos.
Al Sevilla le valió de poco: luego perdió con Levante y sufrió un duro golpe ante Osasuna. Ganaba 1-0 hasta el 80’, encajó el empate y cayó 1-2 en el 90+9’. «Estamos destrozados», reconoció García tras el partido. «Están llorando, están profundamente dolidos», describió el ánimo del grupo. El lateral Gabriel Suazo admitió: «Tengo un nudo en la garganta. Daría mi vida por este club». Y el capitán Nemanja Gudelj sentenció: «Duele, duele mucho».
Antes del duelo con el Atlético, García anticipó el dilema que hoy afronta el club. «El Sevilla es un gran club en España y en Europa», afirmó, y mostró comprensión ante la frustración de la afición. Quizá haya que aceptar que el presente ya no es tan grande como lo fue el pasado en lo que va de siglo XXI.
Sergio Ramos, que inició su carrera en el club andaluz y regresó en la 2023/24, también quiere verlo grande de nuevo. En invierno, con 40 años y sin equipo desde enero, Ramos quiso regresar, pero el presidente Del Nido Jr. vetó la idea: “No puede ser a la vez jugador y propietario”.
El exinternacional español lidera un grupo que ofrecería casi 400 millones para comprar el club. Todavía no se sabe si la operación se concretará, pero todas las partes quieren evitar que el nuevo comienzo se dé en Segunda División bajo el mando de uno de sus hijos más famosos.
«Es el reto más difícil de mi carrera», admitió García. «Nunca he trabajado tanto. Lo daré todo; estamos en la UCI, pero podemos salir».