Un lustro es mucho tiempo. Y aunque por aquel entonces apenas se contaban los cinco mil aficionados en las celebraciones, para la afición atlética era demasiado. Veían a Cibeles demasiado merengue ya. Con lo que decidieron hacer la mudanza, y llevarse los festejos a otro lugar. ¿A dónde? Pues a la fuente de Neptuno, un lugar igualmente céntrico, pero cuyas aguas “no estaban infectadas después de que los madridistas se hayan estado bañando en ellas durante cinco años seguidos”, como anunciaron los hinchas rojiblancos a los medios de comunicación antes de la final de Copa celebrada en 1991. No sin una buena dosis de retranca. Y un gran poder de convocatoria, así mismo. Pues tras ganar al Mallorca (1-0), no se vio a los colchoneros alrededor de la diosa Cibeles, sino en torno a Neptuno. ‘Su’ Neptuno, desde aquel 29 de junio.
De hecho, ganaría el Atlético la Copa del Rey de nuevo al año siguiente, en la famosa final en el Santiago Bernabéu ante el Real Madrid donde marcaron Bernd Schuster y Paulo Futre (2-0), y ya ningún hincha atlético tenía dudas de a dónde debían acudir para encontrarse con sus congéneres: a esa Plaza Cánovas del Castillo, que ya era patrimonio colchonero. De hecho, el propio Paulo Futre, que había aterrizado en la ribera del Manzanares en 1987, confesó a GOAL desconocer este dato: “¿Que la afición del Atlético iba a celebrar los títulos a Cibeles? ¡No me lo puedo creer! ¿De verdad? ¿Pero cuándo? ¡Eso no puede ser!”, acertaba a decir, con los ojos abiertos como platos. El ‘10’ portugués había participado de aquellas dos primeras copas que se brindaban al dios de los mares, pero como se ve, pronto caló entre los hinchas rojiblancos. Como si hubieran sido doscientas.
Y eso que, por aquel entonces, ni siquiera estaba aceptado que los jugadores acudieran a la fuente para beber de la euforia de sus hinchas. No hasta mediados de los noventa aproximadamente, y dicen que fue precisamente el Atlético el que haría los honores tras el doblete, por cierto. “Fuimos en autobús desde el estadio hasta el Calderón, pasando por Neptuno, pero sin parar” rememora en exclusiva Futre, en relación a las celebraciones de aquel título en 1992. “Una cena, al hotel y luego en una discoteca, pero nada de pasarela, ni rúa ni nada. Me hubiera gustado estar en la fuente con los hinchas, la verdad. ¡Pero en Neptuno, eh! Cibeles es merengue, y Neptuno es colchonera. Son símbolos ya y deben seguir siéndolo así”. Muy cierto. ¿O acaso alguien se imagina ahora una Cibeles teñida de nuevo de rojiblanco?