Todo le sonríe a River: con poco le alcanza
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En el Monumental, el Millonario tuvo que trabajar para doblegar a Emelec. Lo logró con individualidad y un envión que se entiende desde lo anímico.

Desde que le ganó a Boca por la Supercopa, las malas le salen bien a River. Antes, la que le quedaba a Pratto para girar y definir iba a parar a la Sívori alta;  el Pity en lugar de picarla se la entregaba en mano al arquero y si había un rebote en el área de Armani se terminaba metiendo de carambola. 

Pero ahora no. Ahora incluso cuando juega mal, River gana. Cuando sale a la cancha acelerado, pasado de rosca y hasta nervioso -como en los primeros minutos de la segunda parte ante Emelec- el equipo de Marcelo Gallardo termina festejando. 

Porque la suerte cambió, o cambiaron los protagonistas , que pudieron relajarse tras la victoria en el Superclásico. O las dos cosas

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Contra el conjunto ecuatoriano por la cuarta fecha del Grupo D de la Copa Libertadores, por ejemplo, no fue el mejor partido del Pity ni mucho menos. El ex-Huracán tuvo un primer tiempo flojísimo en el Monumental, errático en los pases e impreciso en la definición. Pero en el segundo tiempo, en este River al que todo le sonríe, levantó la cabeza y terminó la jugada con la mejor muestra de su talento.

Boca le dio mucho más que una bocanada de aire fresco a River. Boca le dio la posibilidad de reencontrarse -por momentos- con el que alguna vez fue, y le dio tiempo para esperar al que quiere ser. Y le cambió la suerte, para cuando la mano de Gallardo no es suficiente. 

Ante Emelec y en el parido 200 del Muñeco, se conjugó todo para que el Millonario celebre y ponga un pie en octavos de final de la Libertadores (suma ocho puntos de 12 y es líder del grupo), y para que el técnico tenga tiempo de trabajar para encontrar el funcionamiento del equipo porque, cuando el empujón de Boca pierda fuerza, los puntos dependerán del buen juego.

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