La noche de los muertos vivientes
JORGE GUERRERO/AFP/Getty Images
Solari tapona la herida. El Real Madrid golea al Melilla (0-4) a partir de pelearle el partido cuerpo a cuerpo. Vinicius, titular, dio una asistencia

LA CRÓNICA

Solari pidió cojones este martes en su primera rueda de prensa como entrenador, y la gente se echó las manos a la cabeza. ¿Cómo se puede pedir cojones al tricampeón de Europa? ¿Acaso no hay otra cosa que mejorar siendo entrenador? ¿Ese es el plan del Real Madrid tras despedir a Lopetegui? Los nervios están a flor de piel entre el madridismo, y quizás por ello nadie reparó en la gran verdad que encerraban las palabras del nuevo entrenador blanco: y es que echándole ganas al asunto, siempre es mucho más fácil que te salgan las cosas en el fútbol. Es una máxima de primero de balompié, y que entre fichajes, entrenadores, comunicados y críticas nadie reparó. Hasta que el mismo Real Madrid se encargó de darle la razón al argentino sobre el césped del Álvarez Claro de Melilla. 

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Y es que se vio un Real Madrid combativo, rugoso, peleón. Un Real Madrid que corrió y mordió más que el rival, que se manchó la camiseta coral como si fuera un partido de los 80. Lo demandaba la situación, y lo entregaron todo los catorce futbolistas que dispuso Solari en la Copa. Y a partir de ahí, a partir de imponerse sobre el campo en todos los duelos individuales, fue cuando empezó a superar por calidad a los locales. Resulta que lo mismo no hacían falta científicos en el banquillo ni romper la hucha en el mercado de fichajes. Tan sólo mirarse el ombligo y replantearse que para recibir los premios FIFA, las Champions y los Balones de Oro, primero hay que batirse el cobre cada tres días en el rectángulo de juego durante nueves meses completos. Ni más ni menos.

De ahí que el Melilla durase en pie apenas quince minutos. Que fue lo que el Real Madrid tardó en aclimatarse al césped y las circunstancias. Hasta que metió la quinta marcha y se dio cuenta de que si quería ganar iba a tener que plantear primero un partido de esos feos. Una vez lo hizo, se supo que esta vez no sería un partido más de postes e infortunios como en el último mes, sino un partido de goles. Quién sabe si también el punto de partida para una recuperación quizás más prolongada. Benzema marcó a la media hora a pase de Odriozola. Y Asensio en las postrimerías de la primera mitad, a pase de un voluntarioso y eléctrico Vinicius. Si Lucas Vázquez hubiera estado sólo un poco más acertado, lo mismo Solari al descanso hubiera podido empezar ya a pensar en el Valladolid incluso. 

La segunda parte, ya sin los sustituidos Sergio Ramos ni Benzema, el ritmo del partido bajó un poco más. Por parte de los azules y de los de coral. Lo que trajo consigo algunos  innecesarios errores no forzados e incluso algún acercamiento del Melilla. Nada que hiciera temer por la victoria, sea como fuere. Sino simplemente la confirmación de que sin una concentración al 110%, todo lo demás no vale. Vinicius se lo aprendió bien, y a punto estuvo de marcar el tercero. Lo hizo Odriozola a falta de diez minutos. Y el debutante Cristo marcó el 0-4 en el descuento. El estreno del brasileño como titular fue de lo más esperanzador para el Real Madrid. Aunque no tanto como la victoria en el debut de Solari. Sin ser ni siquiera brillante, al menos fue holgada. Indiscutiblemente justa. Algo que no se veía en la Casa Blanca desde el partido de la Roma. Desde que empezó la crisis que se llevó por delante a Lopetegui. De momento, con Solari ya se ha taponado parte de la herida. Los ‘muertos’ han revivido súbitamente. No podía ser en otra noche que la de Halloween.

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