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Sebastián Driussi

Zenit, el equipo que saltó el muro

11:10 GMT-5 27/06/17
Zenit, 33 goles en 11 partidos: 3 de promedio.
La historia del conjunto ruso: un club formado por militares del cual ya nada queda más que la historia.

GOAL Por José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo    


La Copa Europea de Campeones encontraba su lado brusco llegando a la URSS. Los grandes equipos del régimen alineaban militares, policías y hasta oficiales de la KGB. El soviético era un juego nostálgico, grandes figuras de mirada perdida pasaban los días entrenando en los cuarteles, pero al llegar las grandes noches europeas, aquellas tropas se convertían en exquisitos equipos de futbol. Había un encanto en recibir y visitar a los equipos soviéticos difícil de explicar. Era como enfrentar al profesionalismo con su peor pesadilla: un cuadro de amateurs hambrientos, bien preparados y talentosos.

Aunque los jugadores soviéticos cumplían órdenes, mantenían la fantasía que dejaba escapar al futbolista del soldado: todos soñaban con cruzar el muro y obtener un permiso para jugar en el oeste. Terminando el juego regresaban a filas y el público al cuartel. No se cobraba un quinto por jugar al futbol, tampoco por asistir al estadio y no existían los derechos de televisión. La mejor versión del futbol ruso era gratuita. Cuesta entender que el capitalismo haya acabado con uno de los estilos de juego más temibles de la época. Quizá sea el ejemplo mas rotundo para explicar que el dinero en el deporte es secundario. De aquel sensible juego no hay rastro.

Hoy, en los campos de la luminosa Premier Rusa no quedan bolcheviques, los enterraron bajo el pasto sintético de sus estadios mientras la calefacción artificial, calienta los lujosos palcos de los oligarcas del carbón, el acero, el gas y el petróleo. La nueva clase dominante cobijada por el poder, primero con Yeltsin y después con Putin, privatizó el futbol como el resto de los sectores industriales. Muchas cosas han cambiado en Moscú, sobre todo sus emblemáticos equipos que ahora están hechos de civiles. Atrás quedaron las historias del aguerrido cuadro del ejército representado por el CSKA, y él enigmático Dinamo que formaba la KGB.


Junto a estos clásicos, dieron empaque al campeonato ruso las viejas formaciones obreras: ferrocarrileros, mineros, costaleros y navieros. El futbol detrás de la cortina de acero era trabajador, elegante y competitivo. Nada que ver con los nuevos ricos que han intentado combatir la crudeza de aquel sistema, convirtiendo a sus equipos en boutiques de moda.

La oligarquía rusa que invertía mas de 600 millones de euros por temporada, tuvo momentos tan excéntricos como pagar un salario de 20 millones por un veterano como Eto'o. El Anzhi, como muchos otros clubes gestionados a capricho, terminó con su proyecto deportivo envuelto en bonos basura. Distinta suerte ha tenido el Zenit de San Petersburgo, propiedad de Gazprom, la empresa que controla una de las mayores redes de gasoductos en el mundo. El interés de Gazprom por el futbol, además de patrocinar la Champions y ser el principal inversionista de Rusia 2018, le ha llevado a mantener al Zenit en un estado de forma aceptable, a pesar del terrible periodo invernal que azota durante algunos meses su liga obligándole a parar.

Podría pensarse que la Premier Rusa es una especie de MLS europea: un retiro dorado para futbolistas. La similitud parece estar en los dólares, pero la diferencia está en su pasado: la historia del viejo futbol ruso es demasiado rica a pesar de haberse vuelto tan pobre.