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Francia v Argentina

"Voy a ahorrar para el próximo Mundial"

16:02 GMT-5 30/06/18
Hinchas
Martín, como muchos otros argentinos en Moscú, renovó la esperanza casi al instante después de la derrota. Una locura que nunca se queda sin crédito.

Los rusos se querían sacar una foto con él porque no entendían muy bien qué era lo que hacía. Estaba en el medio de la calle de las luces de Moscú, una peatonal que resume la locura del Mundial en unos 500 metros por la cantidad de fanáticos que van ahí a cantar, bailar y exponer su cultura, y lloraba sin parar. Los ojos rojos. Mocos en la barba. Ahogo de bebé. Llanto de bebé. Y a los que no compartían, los que eran de otro país, los que no percibían la misma pasión, no terminaban de captarlo.

Martín, como tantos otros argentinos que deambulaban en Moscú después de la eliminación ante Francia, sufría el golpe por partida doble. En Rusia, el sacudón vale un poco más que en otros lugares del mundo. Por el esfuerzo del viaje. Por estar lejos de casa. Por soñar con más intensidad de lo normal. Por ilusionarse con todo lo que hay alrededor. 

Renunció a su trabajo en un supermercado en Mendoza, dejó a su familia y armó las valijas en busca de un sueño no del todo claro. El sueño de ver a Argentina afuera, quizás. El sueño de poder conocer un país como Rusia, tal vez. El sueño de imaginar a la Albiceleste campeón en tierras de Dostoievsky, Lenin y Tarkovsky, probablemente.

Y cuando Mbappe bailó a la defensa argentina y la cortina de realidad decapitó las oportunidades de Argentina, lo sintió mucho. Como muchos argentinos, no pudo viajar a Kazán: no había pasajes de avión, el tren estaba saturado, la reventa era una locura (pedían 800 dólares por una entrada de 100). Los que se quedaron en Moscú no eran los gerentes de empresas que ya tenían todo reservado y arreglado para no tener ningún problema. Eran los que ahorraron. Los que van a la cancha todos los domingos. Los que aman el fútbol. Los que tienen impregnada una extraña locura que nunca se queda sin crédito de pasión.

Pero, por alguna razón, Martín, como muchos otros, no se da por vencido. Quizás sean los nervios de la experiencia que no funcionó del todo. O la nostalgia del viaje que está a punto de terminar. Siempre se dice lo mismo cuando se termina un muy buen viaje afuera: "Voy a volver". Martín, como otros que arrastraban los pies en Moscú mientras de fondo escuchaban el "¡Messi chao!" de los brasileños, no dudó: "Voy a ahorrar para el próximo Mundial. Voy a estar en Qatar 2022".