Pablo Álvarez: "Simeone es un adelantado, pero no se va a apurar en ser DT de la Selección"

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Goal
En una charla exclusiva con Goal, el lateral de Huracán habló de todo y de todos: su amor por el fútbol, el Globo, Bianchi, Simeone, Guillermo y más.

Según la Real Academia Española, el fútbol es un "juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuyo objetivo es hacer entrar en la portería contraria un balón que no puede ser tocado con las manos ni con los brazos, salvo por el portero en su área de meta". Para Pablo Álvarez , el fútbol tiene poco que ver con esto. "En el peor momento de mi vida, el fútbol fue un cable a tierra y soy un agradecido y privilegiado de poder trabajar de lo que amo. El fútbol es todo, me demostró una solidaridad total, respeto y cariño y voy a estar eternamente agradecido”.

El peor momento de la vida de Pablo Álvarez fue en septiembre de 2016, cuando la mamá de sus dos hijos y su compañera de vida durante 17 años, Anabela, fallecía después de pelear durante mucho tiempo contra el cáncer. En ese entonces, el ahora lateral de Huracán jugaba en Racing, equipo al que desembarcó desde Rosario Central para poder estar cerca de su mujer mientras le hacía frente a la enfermedad que terminó con su vida. Pablo Álvarez se tomó una licencia de una semana y otra vez volvió a ponerse los botines porque Anabela le pidió que no dejara el fútbol, ese deporte que “ayuda y ayudó a poner la cabeza en otro lado”.

-Se te ilumina la cara cuando hablás del fútbol. ¿Qué te pasa cuando pasan cosas como los polémicos fallos de Conmebol y se desvirtúa el deporte?

-Hay muchos factores que lo rodean al fútbol que hacen que sea a veces un poco extraño, pero más allá de eso creo que la pureza que tiene la pelota y el poder jugar al fútbol está por encima de todas esas cosas.

-¿Queda pureza?

-Yo creo que sí. Me pongo a hablar con un chico de inferiores y me transmiten que todavía existe esa pureza y esas sensaciones.

-¿Y en Primera?

-Y en la elite se hace todo un poco más profesional, porque no deja también de ser un trabajo que permite sostenerte en una sociedad y esa vorágine que tiene el fútbol, si uno no está preparado de la cabeza, te puede llevar a cometer varios errores sobre todo fuera de la cancha. Al tener facilidades, acceso, dinero, las cosas se hacen más fáciles, sos más “llegable”. Y si no estás preparado de la cabeza, todo lo que construiste se puede derrumbar.

-¿Y cómo te preparás?

-Yo soy muy agradecido de mis padres y de la educación que me han dado. Pero son tres columnas: fútbol, salud y educación. Después, el amor al fútbol engrana

-¿Es diferente formarse en el fútbol argentino que en el europeo?

-Sí, obvio. La formación de los chicos es muy distinta. Tienen otros privilegios, otras comodidades. Pero por algo los europeos siguen viniendo a buscar materia prima acá. Acá son diamantes en bruto que obviamente hay que pulirlos. En lo personal, creo que la experiencia de vida me hizo pulirme. El fútbol argentino es el más difícil del mundo y he tenido la posibilidad de jugar en dos ligas que son las más fuertes, como la española y la italiana, pero la intensidad mezclada con el desorden y con la técnica individual que hay en el fútbol argentino lo hacen muy atractivo de ver. De jugarlo ni te digo porque es una sensación que no se puede explicar.

-¿Te parece atractivo?

-Por momentos sí. Si no ¿por qué vienen los clubes europeos a llevarse a jugadores de acá? Atractivo y también impredecible. Porque en el fútbol dos más dos no es cuatro y eso es también lo que te atrapa. Yo veo una evolución constante y los clubes se aggiornan día a día a esa evolución. Si no, vas quedando relegado.

-A Huracán se lo critica porque no juega vistoso.

-Huracán armó un plantel competitivo, como para pelear cosas importantes, quedó demostrado el semestre pasado de volver a una copa internacional, que es igual a prestigio, y volver a dejar a Huracán lo más arriba posible. Pero también uno sabe que cuando enfrenta a un equipo con un plantel mayor en cuanto a jerarquía se tiene que tratar de igualar de alguna manera, entonces en ese caso tratamos de combatirlo y armarlo en base a lo que podíamos hacer sentir incómodo al rival, por ejemplo ante River. Pero fijate cómo con esa lucha, entrega y sacrificio y con el fútbol también que tuvo Huracán, le hizo un partido de igual a igual a River y a Boca. Yo hablo desde lo personal, obviamente se puede debatir. Pero el fútbol y el plantel y entrenador que tiene hoy Huracán está para cosas importantes. Si no tuviera este pensamiento y esta convicción me quedo en mi casa. No soy un jugador conformista, voy a querer ir por más más allá de la edad que tengo.

River Boca Copa Libertadores 2004

Pablo Álvarez tiene 34 años, siete clubes en su carrera y un debut muy particular en 2003 cuando Carlos Bianchi, en ese entonces técnico del Boca campeón de todo, decidió darles descanso a los jugadores que venían de levantar la Libertadores en Brasil y mandó a la cancha a juveniles del Xeneize en la última fecha del torneo ante Rosario Central. Ese día Boca perdió 7-2 y el primer partido del lateral nacido en San Martín no fue lo que soñó. Aunque su gran momento llegaría en 2004, cuando el Virrey lo incluyó en la lista de pateadores que definirían la serie de semifinales ante River en el Monumental. “Yo pude debutar en Boca en un plantel de jugadores muy importantes que venían de haber ganado absolutamente todo. Y se me hizo muy fácil por haber estado tantos años en inferiores, mamando la cultura de Boca. Mis compañeros también me la hicieron muy cómoda. Todos me hablan del penal que pateé con 18 años. Cómo iba a estar nervioso si yo mamé durante años de jugar con River, de saber la rivalidad. Fui a patear como si estuviera en el patio de mi casa”.

-También dijiste que si lo errabas tu historia sería otra.

-Obviamente, no voy a ser hipócrita. Pero la realidad mostró otra cosa. La verdad es que no lo quiero ver más al penal porque cada vez que lo repiten pasa más cerca del palo, ja. Fue muy lindo, más allá de esa experiencia yo soy un agradecido a los compañeros más grandes, de cómo me han guiado de cómo me han cagado a pedos. El Pato, Nico Burdisso, Schiavi, Cagna, Palermo, Cascini, Guillermo. Fueron gente que a mí me han marcado porque me han dado una enseñanza, yo aprendí muchísimo con ellos. Me educaron.

-¿Te gustaría que Bianchi dirija de nuevo?

-Sí, me gustaría pero no sé si está. Soy un agradecido con él me dio la posibilidad de debutar en Primera. Tuve la posibilidad de estar en planteles que he salido campeón. Pero ya la última vez que estuvo Boca no engranó y en lo personal no me gustó la imagen que dejó. Me quedo con todo lo otro y con toda la enseñanza hermosa que me ha dejado.

-¿Boca no es para cualquiera?

-Y, el mundo Boca a veces al jugador se lo termina comiendo. Por eso digo que hay que estar preparado de la cabeza para lo que es el mundo del fútbol, no solamente tener condiciones. Después de tantos años uno se va forjando. Tuve la suerte de hacer muchas Inferiores. Durante esos años con entrenadores formadores que tuve como Mastrángelo que le agradezco muchísimo. Terminábamos de entrenar y me quedaba tirando centros con zurda. En ese momento me rompía las bolas y hoy soy un agradecido. Hice toda mi carrera de lateral por la izquierda siendo derecho.

-¿Cómo lo ves a Guillermo Barros Schelotto, que fue tu compañero en Boca?

-Es otro rol. Cuando terminó el partido contra Boca nos juntamos en mitad de cancha y le dije “siempre discutiendo, siempre pelando vos hasta en este rol. Dejate de hinchar las bolas”, ja. Es un técnico muy capaz, quedó demostrado. Y lo sigue demostrando, porque hay que mantenerse en esa elite en esa institución tan grande más sabiendo que fue ídolo jugando al fútbol ahí. Personalmente lo admiro, sabe que lo aprecio.

PS PAblo Alvarez Guillermo Barros Schelotto

Además de Bianchi, su primer entrenador en Primera, el lateral del Globo tuvo a otros entrenadores que lo marcaron. Uno de ellos fue el Chacho Coudet, quien lo acompañó en Rosario Central y luego en Racing mientras el futbolista atravesaba el durísimo momento junto a su compañera. Otro, cuenta, fue Diego Simeone, quien lo atravesó desde lo futbolístico, a pesar de haber tenido un encontronazo que terminó en “muy malos términos” cuando Pablo era jugador de Estudiantes, quería emigrar a Europa y el técnico no lo dejó. Tal fue la calentura del jugador que fue a buscar a Simeone al aeropuerto cuando regresaba de sus vacaciones para pedirle que lo dejara ir, pero el DT no acusó recibo y el enojo siguió en el Country de City Bell.

-¿Casi te agarrás a piñas con el Cholo?

-Sí, yo tuve diferencias extra futbolísticas. Me arrepiento, soy un boludo. Tuvimos la oportunidad de sentarnos, tomarnos un café y reírnos de eso. En ese momento me quieren vender al Mónaco y él se opuso porque no quería que le desarmaran el equipo. Los dirigentes me dicen “fíjate si podés hacer algo vos”, porque ya estaba todo arreglado entre los clubes. Fui a hablar con él, tenía poca experiencia, no sabía hablar. No es excusa pero era así. Estaba mal influenciado también. Fui a hablar en malos términos y esos malos términos llevaron a otros malos términos y somos dos personas de temperamento y obviamente reaccionamos. Quedó ahí, pedí las disculpas correspondientes y listo. De todo se aprende. Después me vendieron a otro club (Catania) y ¡lo terminé teniendo como técnico ahí! Si me decís un técnico que me ha marcado lo pongo al Cholo en el top five.

-¿Por qué?

-Tuve la suerte de tenerlo como entrenador en dos clubes distintos y en dos etapas distintas de mi carrera. Cuando llegó a Estudiantes, junto con Verón, revolucionó la metodología de entrenamiento. Era otra cosa. Mi adaptación en Italia cuando me venden fue fantástica. Todos los trabajos que yo había hecho con Simeone los hacía en Italia. Era un entrenador adelantado a lo que era el fútbol actual. A lo largo de los años creo que quedó demostrado. Y lo sigue siendo porque es una persona que ama el fútbol y se sobre exige todo el tiempo y exige al jugador para que rinda más. Y le saca tal jugo a los jugadores. Porque en su momento con el Atlético de Madrid tenía un equipo moderado y ha logrado cosas importantísimas. En Estudiantes mismo. En Catania peleábamos el descenso y quedamos a un Punto de entrar en UEFA. Tiene algo que revoluciona al jugador y sobre todo lo contagia. El contagio es algo importantísimo.

-Dijo que en algún momento va a dirigir a Inter. ¿Qué creés que puede lograr si agarra un equipo con esas herramientas?

-Me imagino que pelee siempre Champions y esté en el top siempre porque tiene capacidad y va a tener jugadores y poder económico como para que le cumplan todos los requisitos que puede pedir.

-¿Te gustaría verlo en la Selección?

-Ojalá dirija la Selección. Soy un convencido de que va a tener la chance por cómo trabaja y cómo viene haciendo las cosas. Pero en un futuro, no lo veo ya. La Selección está atravesando un momento de transición y los momentos se tienen que respetar. No podés apurar ni adelantar.

-¿Cómo ves a los laterales de la Selección?

El artículo sigue a continuación

- Para mí hay laterales  muy ricos, obviamente, depende de las características de lo que el entrenador pida y las que le puede dar cierto jugador. Hoy los que están en la Selección argentina me parece que son laterales estupendos y que están pasando un momento personal propio a que estén en ese tan lindo lugar. Bustos y Tagliafico hoy son los mejores. Tagliafico en lo personal me parece que hoy es el top, no quiero decir del fútbol mundial, pero argentino por encima de todos.

Él también quiere ser entrenador algún día, por eso a fin de año se recibe de técnico. Aunque, dice, todavía no quiere pensar en eso. “Vivo el día, disfruto mucho de venir a entrenar, disfruto de mis compañeros”, repite y resalta una frase de Alfaro: “’Hasta el último día se van aprendiendo cosas’, dijo Gustavo y me quedo con eso. Y quiero seguir aprendiendo y estoy acá para eso y para pelear cosas importantes. El año que viene vamos a jugar una Copa Libertadores, pucha. En el fútbol de Sudamérica es el top”. Y no se achica por las diferencias con otros equipos de Sudamérica. “Adentro de la cancha somos 11 contra 11. Y si uno está convencido, es lo lindo del fútbol, que es impredecible”, asegura y sonríe, como cada vez que habla de fútbol. El fútbol que lo une a su hijo Felipe, de siete años, a quien por la tarde, después del colegio, lleva al club para que dé sus primeros pasos con la pelota. Ese mismo fútbol que ya tiene cansada a su hija Alina, que nació en Italia y que cada vez que mira un partido revolea los ojos como sinónimo de aburrimiento. Ese fútbol que lo abrazó en el momento más duro de su vida y que lo ayuda a seguir porque, dice, “con amor se sale”. Y Pablo Álvarez ama al fútbol.  

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