Lloren ustedes, que pueden

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GIUSEPPE CACACE/AFP/Getty Images
Di María está desconsolado, Meza también. Messi y Mascherano no quieren despegarse. Todos se abrazan con todos. Nosotros lloraremos después.

Cubrir Mundial es bastante parecido a lo que nunca imaginaste, pero mejor. Estar un hermoso estadio de 1200 millones de dólares rodeado de 65 mil personas viendo cómo la Selección de tu país queda eliminada penosamente en primera ronda del primer Mundial que te toca cubrir también es bastante más feo de lo que se puede imaginar. Contener (un poco) las emociones, peor aún. Que sean gajes del oficio no significa que sea antinatural. Dos neuronas pensando en el título de la nota, otras dos en el regreso a Buenos Aires y, de reojo, lo mejor de este deporte, de este trabajo: el gol. 

Despegarse del hincha a la hora de analizar, pensar u opinar es un proceso que se da automáticamente con los años. La "pasión" no se adormece, se serena, se civiliza, se profesionaliza. Salvo en partidos como hoy, en los que podés terminar abrazando a los periodistas ingleses que te rodean. La silla se cayó, volaron los lentes. Di María llora como un nene, Meza también. Todos tienen la cara húmeda con lágrimas propias o ajenas. Messi también se abraza con Mascherano porque se vieron cerca del último abrazo.  

Todos abrazan con todos.  

Los 23 que patean la pelota, el cuerpo técnico, los dirigentes y los 20, 30, quien sabe cuántos miles de argentinos que se quieren quedar a vivir en esta nave espacial. Chiqui Tapia lo agarra a Enzo Pérez y se apretujan de alivio. Miadosqui se funde con Armani. Caballero alza los brazos, él también quiere afecto. Argentina zafó, para llorar hay tiempo.

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