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Real Madrid

La portería que hizo al Real Madrid pasar ante el Borussia Dortmund del ridículo a la mayor alegría

3:08 GMT-6 06/12/17
Real Madrid 1998
El equipo blanco estuvo cerca de perder el encuentro por no disponer de otra meta de repuesto. Después, los merengues conseguían la Séptima.

LA INTRAHISTORIA


El 1 de abril de 1998 se vivieron los 75 minutos más interminables del Real Madrid en la historia de la Copa de Europa. Real Madrid y Borussia Dortmund vuelven a cruzar sus trayectorias en la Champions League: un duelo que siempre será recordado por el partido disputado en 1998, con un inesperado protagonista en el Santiago Bernabéu.

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La temporada del Real Madrid en aquella campaña 1997-98, dirigida por Jupp Heynckes, estaba resultando muy deficiente. El Alavés había apeado a los blancos de la Copa del Rey y en Liga eran incapaces de soportar el ritmo impuesto por el Barcelona de van Gaal. La plantilla parecía abocada a la suerte que deparara la aventura continental. Un riesgo para una entidad que llevaba 32 años sin levantar la 'orejona'.

Por ello, el mandatario blanco había reunido un plantel inigualable mezclando a hombres de la casa -Sanchís y Raúl-, con futbolistas nacionales de gran peso en el vestuario -Amavisca, Morientes y Hierro-, junto a grandes fichajes foráneos -Panucci, Roberto Carlos, Mijatovic, Seedorf, Suker, Redondo o Illgner-. Un gran desembolso con el fin de confeccionar un once de garantías que luchara por el título europeo.

El Real Madrid concluía la fase de grupos con solo una derrota, en Noruega ante el Rosenborg, y el liderato en su mano. Los cuartos de final asomaban en el horizonte como la única carta ganadora para transformar un año horrible en una temporada inolvidable. Con la Liga perdida y el torneo del K.O. desperdiciado, el Bayer se revelaba como la aspirina para calmar los dolores. El empate en Leverkusen sabía a gloria para los merengues, dados los malos resultados siempre sumados en Alemania, y el 3-0 de la vuelta en casa refrendaba la confianza del Real Madrid en esta edición. El Dortmund era el siguiente rival en aparecer, un inédito contrincante en semifinales que lucía con orgullo su corona de campeón y que se había deshecho del Bayern Múnich, la 'bestia negra' del madridismo.

Los máximos anotadores de la Champions

El 1 de abril de 1998, numerosos aficionados que se daban cita en el fondo sur treparon al unísono sobre la valla metálica, haciéndola doblar, con ello se llevaban el sistema arcaico de sujeción de la red que hacía desplomar como un boxeador noqueado a la portería sobre la verde lona de Chamartín. Eran las 20:44 horas. Un bochorno televisado que sacaba los colores del Real Madrid. 

El protagonismo pasó de los futbolistas a los operarios del club blanco que revoloteaban despistados y nerviosos. La opción de encajarla de nuevo en el suelo era inviable porque carecía de estabilidad. Al no tener el Real Madrid una portería de repuesto, acarreando una sanción posterior de la UEFA, se puso en marcha el plan B: traer una de las utilizadas en la antigua Ciudad Deportiva -donde hoy en día se encuentran las Cuatro Torres-, a dos kilómetros de distancia del feudo blanco.

Agustín Herrerín, eterno delegado del club blanvo, capitaneó aquella aventura en la que intervino también la policía y dos colaboradores de lujo que ejercieron de porteadores. Hubo que regatear todo tipo de obstáculos físicos para recoger la portería y subirla a un camión con dirección al Santiago Bernabéu, sirenas incluidas. Una operación de emergencia que había durado 75 minutos y que estuvo cerca de suponer la eliminación madridista por suspensión del encuentro.

Finalmente, el colegiado Mario van der Ende dio el visto bueno a la nueva portería que quedaba anclada provisionalmente. Morientes y Karembeu fueron los autores de los dos goles, renta suficiente para acceder a la final, dado que no se pasó del empate a cero en el Westfalenstadion. 

La Séptima Copa de Europa pasaba de ser una opción a ser una realidad. Una realidad que tomaría forma definitiva en Ámsterdam a través de Mijatovic, con la Juventus y Zidane enfrente, un enemigo muy íntimo que escribía aquel capítulo ejerciendo de villano, antes de ser parte de la historia del Real Madrid como héroe.