La Masia, el ascenso del filial no convence a las promesas

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@FCBarcelona
El vivero azulgrana pierde a su tercer jugador en apenas una semana y constata la deriva del fútbol formativo, que gana pero no produce talento.


EDITORIAL

Josep Maria Bartomeu y los suyos están logrando lo que nadie antes había conseguido: destrozar la Masia. La residencia de jóvenes valores del club azulgrana sigue en pie, no me malinterpreten. Y sigue hospedando chavales. Pero en una semana ha perdido a tres de los mejores -Jordi Mboula, Eric Garcia y Mateu Morey, si finalmente acaba confirmándose su pase al Bayern- y hasta Seung Woo Lee, que pasó tres años sin jugar por quedarse en el Barcelona, medita irse. Ha sido la misma semana en la que el barcelonismo ha celebrado el ascenso del filial a Segunda, algo que el club ha vendido como un éxito del fútbol formativo. Como si en la Masia lo importante fueran los resultados y no el modelar futbolistas de calidad para el primer equipo, cuyo rendimiento es, por lo menos, muy mejorable.

Es evidente que para lograr buenos futbolistas es importante que compitan en categorías exigentes y se acostumbren a competir al nivel más alto que sea posible. Pero también lo es que este Barcelona ha perdido un foco que ni siquiera estuvo en entredicho durante la presidencia de Joan Gaspart, cuando el club incorporó al joven Leo Messi. Hoy el rosarino no pasaría las pruebas para incorporarse al fútbol base barcelonista. Tampoco Andrés Iniesta. Hoy lo que prima ya no es un talento sino el conseguir resultados y para ello la técnica no es suficiente. El reciente ascenso de un filial hecho a base de talonario y no de futbolistas propios lo constata. Solo 10 de los 26 futbolistas que lograron el ascenso habían pasado antes por el Juvenil y mamado el modelo desde pequeños. La mitad no son ni siquiera elegibles para una selección sub21 y dos tienen más de veinticinco años.

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La Masía: mucho ruido y pocas nueces

¿Qué ha pasado en la Masia, pues? La sanción de la FIFA obligó a reestructurar el fútbol formativo azulgrana y repensarlo, algo que desarrolló el ejecutivo de confianza de Bartomeu, Albert Soler, olvidando cómo "los resultados deben ser consecuencia de la superioridad de los jugadores", nunca ir por delante del talento tal y como explicaba uno de los antiguos responsables de la Masia en Goal hace semanas. Estos tres chicos no son los primeros, y seguramente tampoco serán los últimos, en irse. Sucede que nunca antes la desbandada había sido tan masiva. Nunca se habían ido de golpe tres chicos con los que el club contaba.

Pero el mensaje que les llega es claro. A pesar de que la directiva barcelonista siga haciendo gala de una apuesta por la Masía que no existe -el último canterano en promocionar al primer equipo fue Rafinha Alcántara hace tres años- los movimientos de mercado son contrapuestos. Desprenderse de Munir El Haddadi para gastarse 30 millones de euros en Paco Alcácer fue definitivo. Los gestos cuentan más que las palabras y en el Camp Nou hoy la Masía no es más que un atributo más de la marca comercial que preside Bartomeu. Y esto no pasa desapercibido para los chavales de la cantera.

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