La final que se reedita: Tigre no quiere perdonar a Boca como hace 11 años

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El Xeneize se consagró en el particular Apertura 2008, que necesitó de un triangular y casi queda en manos del Matador.

Desde que se instauraron, en 1990, hasta su acta de defunción en el 2015, los campeonatos cortos en el fútbol argentino tuvieron definiciones apasionantes, pero ninguna como aquel Apertura 2008 que necesitó de un triangular que tuvo como protagonistas a San Lorenzo, Boca y Tigre, de los cuales justamente los últimos dos se verán las caras en la gran final de la nueva Copa Superliga.

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Si bien ambas son definiciones por el título, el contexto entre una y otra es totalmente diferente, partiendo de la base de que el del domingo 2 de junio será el último partido del Matador en Primera, ya que el próximo semestre comenzará el camino de regreso luego del descenso.

En aquel 2008, el Xeneize vivía un semestre convulsionado por varias situaciones de diversa índole: la muerte en plena disputa del certamen del presidente Pedro Pompilio; las graves lesiones sufridas por Martín Palermo y Gabriel Paletta y una dolencia que dejó varias fechas afuera a Rodrigo Palacio; aquella recordada pelea entre Juan Román Riquelme y Julio Cáceres; el nunca aclarado conflicto entre Mauricio Caranta y el técnico Carlos Ischia; y la denuncia por robo a Lucas Viatri. Demasiado para apenas un torneo, en el que corrió siempre desde atrás al Ciclón, del que llegó a estar ocho puntos abajo tras la fecha 10. Pero el conjunto de la Ribera se sobrepuso a todas las situaciones de conflicto y metió un sprint final demoledor: tras el 1-0 en el Superclásico de esa fecha 10, el conjunto de la Ribera ganó seis de los siguientes siete partidos y llegó a la jornada 18 con chances de quedar como único líder, pero el empate frente a Gimnasia en La Plata dejó todo el panorama abierto.

El conjunto de Victoria, por su parte, tuvo una campaña mucho más regular que aquel Boca. En la que apenas era su segunda temporada en Primera, tras el ascenso conseguido a medados de 2007, el equipo que dirigía Diego Cagna se mantuvo entre los tres primeros durante todo el campeonato, llegó a la cima junto a San Lorenzo en la jornada 12 y se mantuvo en la pelea de la mano de un Martín Morel que terminó como el segundo goleador del torneo, con 13 tantos.

A la última jornada llegaron los tres equipos igualados en 36 puntos y, el domingo 14 de diciembre, salieron a jugar en simultáneo: en La Bombonera, Boca venció 3-2 a Colón; en Victoria, Tigre derrotó 1-0 a Banfield y en La Paternal, San Lorenzo venció 1-0 a domicilio a Argentinos. Así, por primera vez en la historia del fútbol argentino, el título de Primera División debía definirse a través de un triangular.

Todo lo ocurrido alrededor de la organización del desempate no estuvo exento de polémica. Existen mitos sobre aquella reunión en la AFA en la que se decretó que sería el Ciclón el que jugaría los primeros dos encuentros: tras el triunfo 2-1 sobre el Matador en el primer partido, la lógica indicaba que fuera el equipo de Cagna el primero en enfrentarse con Boca. Sin embargo, fue el Cuervo el que debió jugar contra el Xeneize, en un encuentro que podía asegurarle el título. Pero el triunfo 3-1 del equipo de Ischia, con un agónico tanto del Pochi Chávez, no sólo le impidió festejar a San Lorenzo, sino que lo sacó de la carrera por el título por diferencia de gol y dejó obligado a Tigre a ganar por dos goles de diferencia en el último cruce para dar la vuelta olímpica.

EL PARTIDO

Y llegó la gran final. Los de Ischia no podían contar con Riquelme y Fabián Vargas, que habían llegado a la quinta amarilla contra San Lorenzo, mientras que Juan Forlín no podía jugar por un durísimo golpe sufrido contra el azulgrana que le provocó convulsiones. Pero los de Victoria se veían superados por los nervios y por momentos Boca pudo aprovecharlo. Hasta que llegó el minuto 67, fatídico para Javier García, quien en una fatídica acción no sólo le regaló el gol a Leandro Lázzaro, sino que se lesionó y tuvo que salir reemplazado. Sin el desafectado Caranta, Ischia tuvo que mandar a la cancha a Josué Ayala para que hiciera su debut en Primera. Se abría un nuevo partido de 20 minutos, en el que Tigre necesitaba un gol para ser campeón.

El último tramo se jugó prácticamente en el área del pibe, que veía llover centros en busca de Lázzaro o del eterno Chino Luna -el único sobreviviente de aquella jornada que estará en Córdoba el próximo domingo-, pero pudo ser para el Matador: la historia terminó 1-0 y el título quedó para Boca. Para Tigre se cerraba una gran campaña, a las puertas de un título que se escapó por diferencia de gol y luego de ganarle dos veces durante ese semestre a quien fue campeón (había sido 3-2 en La Bombonera, en la fecha 7). El Xeneize, en tanto, ganaba un nuevo título que parecía sepultar un semestre calamitoso, pero que solo era el preámbulo de dos años y medio de pésimos resultados.

El Kempes los tendrá nuevamente frente a frente, aunque esta vez las reglas serán diferentes, como también el presente y el futuro. Y Tigre, que deberá esperar al menos un año para verse las caras con los grandes del fútbol argentino, quiere una despedida que tenga sabor a revancha.

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