Guillermo se juega un lugar en el panteón de los grandes ídolos de Boca

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El Mellizo, glorioso en su época de jugador, nunca terminó de convencer en su etapa de entrenador. Contra River, su última oportunidad.

Tenía un instinto especial. A veces ni siquiera jugaba bien. Si se tomara un 'resumen' de sus jugadas de algunos de sus partidos, no se encontrarían grandes joyas. Pero, por ese instinto, terminaba siendo el nombre que más resonaba. El jugador del que todos decían algo. Guillermo Barros Schelotto no enamoró principalmente por sus goles, sus asistencias y sus títulos. Lo hizo por su forma de jugar, su manera de entender cómo representar una camiseta. Siempre le podía decir al árbitro algo de más. Siempre podía tirarse con menos disimulo. Siempre podía hablarle a un rival como si alrededor no hubiera nadie, como si fuera una discusión de calle. Y todas esas cosas enamoraban a los hinchas de Boca.

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Guillermo Barros Schelotto representó en su época de jugador a parte de la idiosincracia de Boca: pícaro, de barrio, con las medias bajas por la falta de miedo a recibir una patada. Por las ganas de recibir una patada.  Desde que debutó en el Xeneize, en 1997, hasta su retiro, en 2007, se convirtió en uno de los jugadores con más títulos de la historia, con 16, solo uno atrás de Sebastián Battaglia, el máximo ganador. Hizo 86 goles y está entre los quince máximos anotadores. Así de grande fue. 

Pero el 7 de las medias bajas ya no existe. El entrenador de traje necesitó demostrar en todos los partidos. Y su figura fue disminuyendo a medida que corrió el tiempo. Porque los resultados, pese al bicampeonato en el torneo local, todavía están lejos del rebelde que parecía hacer lo que quería. 

Guillermo

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Como en el tercer período de Bianchi en Boca: era mucho más fácil que la figura de Guillermo se resquebrajara a que tomara una posición de mayor idolatría. Pero la final de la Copa Libertadores 2018 pone al entrenador del Xeneize en una zona de fuego que marcará un antes y un después. 

En caso de conseguir el título, Guillermo daría un vuelco definitivo en su relación con Boca. Pasaría directamente a discutir mano a mano con los grandes de la historia: Palermo, Riquelme y Bianchi. No es que hoy no ocupe ese rol. Pero los que ya no forman parte del día a día, los que no tienen una influencia directa en lo que puede pasar en el club, ya no corren riesgo de perder peso en su construcción de leyendas. En cambio, Guillermo se arriesga en cada partido a perder terreno.

Contra River, el Mellizo juega un espacio por entrar definitivamente en el panteón. Habría conseguido algo único en la historia del xeneize: por un lado, ser uno de los jugadores que más enloqueció a la gente por su carisma y personalidad. Por el otro, convertirse en el entrenador que obtuvo el mayor logro de la historia. Casi imbatible. 

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