Antes de la tormenta, llegó la calma

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Luis Enrique y Sergio Ramos escenifican en Londres la buena sintonía que predomina en la Selección Española después del terremoto en Rusia.

OPINIÓN

Luis Enrique ha entrado con el pie derecho en la selección. El martes por la noche ya lo adelantábamos en Goal. A pesar de las nuevas normas y de esa apariencia de ‘vinagre’ redomado, el nuevo seleccionador se había ganado a todos en el equipo nacional. Entre los convocados, entre los empleados de la Federación, e incluso, después de mucho tiempo, entre el público presente en Las Rozas no hubo pancartas ni gritos acusadores. Los analistas y especialistas esperábamos todos con el sismógrafo bien calibrado, y resulta que en La Roja a día de hoy predomina una paz atronadora. Ni un temblor.

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No recuerdo una semana con tan buen comportamiento desde que soy entrenador”, decía Luis Enrique desde la sala de prensa de Wembley, de hecho. Las comparecencias del seleccionador y del capitán Sergio Ramos en Londres fueron la escenificación perfecta de esa buena sintonía, con guiños y piropos continuos. Ni un pero. Si hubiera música de fondo, podría haber sido un videoclip o un pasaje de Love Actually tranquilamente. Perfecto para los intereses de La Roja después del cataclismo del Mundial. Es justo lo que necesita.

Sin embargo, como dice la gente del negociado consultada, lo sucedido tampoco es representativo de lo que será la etapa de Luis Enrique en el banquillo nacional. Sólo es representativo de lo que suele suceder cada vez que llega un jefe nuevo a cualquier oficina del mundo. Que los empleados aprietan los dientes hasta que saltan las carillas del esfuerzo. Y lo normal, además, es que esa primera semana sea la que mejor se trabaja hasta el aterrizaje del siguiente jefe. Y en el fútbol y en los vestuarios sucede lo mismo. 

Líbrenme de ser agorero ni aguafiestas. Ojalá a Luis Enrique y a la Selección Española le vaya de maravilla. Pero sí que sigo siendo cauto. Porque igual que después de la tormenta llega la calma, ésta no es sino el preludio de la siguiente tempestad.

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