El partido de ida en el Parc des Princes fue un clásico inolvidable, pero Kompany lo vivió con angustia desde la grada por sanción. El técnico del Bayern, con tres amarillas, dejó el banquillo a su ayudante, Aaron Danks.
Al recordar aquel partido de alto riesgo, Kompany admitió que no fue fácil. «No es divertido», dijo a Prime Video. «Si no vuelve a pasar, estaré satisfecho. No puedo tomar decisiones a 80 metros. Pero aprecié cómo respondieron los jugadores desde lo alto de la grada».