Al inicio de la temporada, Tadeo Allende desaprovechaba demasiadas oportunidades, y no faltaban. El mediocampista ofensivo argentino, incorporado a Inter Miami en préstamo desde el Celta de Vigo el invierno pasado, se suponía que era la pieza clave del ataque de los Herons. Su tarea era simple: convertir las oportunidades que inevitablemente llegarían.
Y oportunidades siempre habría. Esa es la realidad de jugar junto a Lionel Messi. Cuando Messi tiene el balón, los rivales se desajustan, los espacios se abren y la responsabilidad cae sobre quienes lo acompañan para explotarlos, cronometrar sus movimientos y definir. Aunque el fútbol es mucho más que eso—rotaciones, desmarques, patrones ensayados—la misión de Allende se reducía a una sola cosa: marcar.
El problema era que no lo hacía con suficiente frecuencia. Sus 15 goles en todas las competiciones son sólidos en papel e incluso superan su xG, pero Miami genera tantas ocasiones que siempre parecía que podía dar más. A menudo no llegaba a las zonas más peligrosas y dejó escapar oportunidades clave.
Ahora, eso ha cambiado. Allende ha encontrado su instinto goleador en el momento justo. Miami avanza hacia la MLS Cup, con Messi a un ritmo histórico en los playoffs, igualando el récord de goles en postemporada con ocho. Pero Allende se ha convertido en el filo que completa el cuadro. Y el sábado, ante Vancouver, su versión más letal podría ser la que decida si el equipo de Javier Mascherano continúa su camino o regresa a casa.




