Al final del partido en Múnich, Dembélé —ya sustituido— celebró con entusiasmo que un compañero ganara un duelo cerca de la banda. Hace un par de años no se esperaba esa entrega del francés.
Antes de su explosión en la segunda temporada en el Parque de los Príncipes, se le consideraba, con razón, un gran talento sin explotar. Él mismo admitió haber desperdiciado cinco años en el Barcelona. Pero asimiló todo lo que Luis Enrique intentó enseñarle en el PSG y ahora aspira a ganar el Balón de Oro y la Liga de Campeones por segundo año seguido.
Su amigo y excompañero Kylian Mbappé aún no ha logrado ninguno de los dos y, dos años después de dejar París en busca de esos títulos, no parece más cerca de conseguirlos. De hecho, la carrera de Mbappé preocupa.
Es cierto que el delantero francés ha marcado con facilidad desde su llegada al Real Madrid en 2024, pero aún no ha ganado ningún título importante con los blancos. Mientras tanto, el PSG está a una victoria de convertirse en el primer equipo que revalida la Liga de Campeones desde el Real Madrid de Cristiano Ronaldo.
Puede que siga siendo uno de los jugadores más valiosos del planeta, pero su valía, carácter y compromiso se cuestionan en la prensa madrileña.
Esta semana, mientras él era criticado por irse de vacaciones lesionado, dejando al club en un momento delicado, los jugadores del PSG reciben elogios por su nueva unidad, personificada en Dembélé.
Cuando Luis Enrique dijo que el PSG sería mejor sin Mbappé, muchos dudaron, pero los hechos le han dado la razón: el club parisino se ha fortalecido, mientras que el Madrid se ha debilitado.