Al tercer partido, Messi resucita al Barcelona
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El rosarino pone el primer gol, da el segundo y vuelve a celebrar una victoria con el cuadro azulgrana veinticinco días después.


EDITORIAL

Regresó Leo Messi pero el Barcelona perdió en casa ante el Betis a pesar de los dos goles del rosarino para luego empatar a domicilio del Atlético de Madrid. El cuadro azulgrana se había sobrepuesto a la ausencia de su líder durante cinco partidos pero dio muestras de haber abandonado toda concentración, por lo menos en primera instancia, tras el retorno de su santo y seña, que logró desatascar el intercambio de golpes con el PSV tras un mal inicio gracias a un gol y una asistencia marca de la casa en el segundo tiempo. Hacía veinticinco días que no cantaba una victoria con el cuadro azulgrana.

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Porque en el primero tardó en reaccionar. Porque en la primera media hora apenas remató una sola vez para conceder tres balones al poste del equipo holandés. Solo el acierto de Marc-André Ter Stegen y la falta de puntería del PSV mantuvieron con vida al Barcelona, que en cualquier caso reaccionó y en el último cuarto de hora se plantó hasta nueve veces ante la portería de Zoey. Sin éxito.

Pero quien la sigue la consigue y Messi, visiblemente inquieto ante la posibilidad de acumular un tercer partido consecutivo sin conocer el triunfo, se echó el equipo a las espaldas y bajó a construir la jugada en la zona de pivotes y se lo montó él solo después de recibir el balón de Gerard Piqué. Se apoyó en Ousmane Dembélé en un par de ocasiones para plantarse en el interior del área holandesa y soltar un zapatazo con la zurda al alcance de muy pocos jugadores que deshizo el empate. A partir de ahí el Barcelona renació definitivamente.

Hasta Gerard Piqué se permitió una de sus incorporaciones y sentenció el partido marcando el 0-2 y convirtiéndose en el tercer defensa más goleador de la historia de la Champions League. El PSV cayó de pie, en todo caso, y a través de De Jong recortó distancias con el 1-2 y hasta acabó amenazando con poner el empate pero no tuvo suerte. El rosarino y sus compañeros necesitaban la victoria y la lograron. No tanto para amarrar la primera posición del grupo B, que también, sino para dar por cerrado, Messi mediante, el resurgir del equipo tras dos batacazos seguidos. 

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