Superliga: señores de ECA y UEFA, caretas fuera

Comentarios()
Getty Images
"The New York Times" desvela documentos de la UEFA sobre la nueva Champions

Ruben Uría Blog

En juego, el futuro del fútbol. La Superliga que planea la ECA se ha topado con el rechazo de las ligas europeas y cientos de clubes continentales, reacios a apoyar un proyecto tan elitista como peligroso. La ECA ha puesto sobre la mesa un sistema de ascensos y descensos, con partidos los fines de semana. Un torneo cerrado, para la elite y que haría aún más grande la brecha económica entre los clubes más ricos y los menos ricos. La UEFA mantiene un discurso melifluo. Por un lado, no quiere enfrentarse con los presidentes de los clubes más potentes de la ECA y quedar fuera de sus planes de futuro. Y por el otro, ve cómo la presión de las ligas nacionales europeas le obliga a replantearse su postura en público, después de haber estado al tanto de las ideas de la ECA. Entre la espada y la pared, la UEFA está siendo criticada por su falta de contundencia. Si ampara esta idea de Superliga, estaríamos ante un escenario tremendo. Sería el mundo al revés: las ligas nacionales dejarían de ser la base para el acceso a competiciones internacionales. No habría meritocracia, sino aristocracia.

Durante meses, UEFA ha mantenido conversaciones con la ECA para acometer una reforma en sus competiciones a partir de 2024. La ECA, liderada por el presidente de la Juventus, Andrea Agnelli, con el impulso de una decena de clubes muy potentes, aspira a implantar un torneo que se jugaría los fines de semana y que supondría una reforma radical de la UCL. Este jueves, el diario "The New York Times" publicó, tras una filtración, los documentos originales de los planes de trabajo de UEFA y ECA. Su idea: convertir la Liga de Campeones en una competición dominada por un pequeño grupo de clubes de élite, dejando solo cuatro de sus 32 puestos disponibles para equipos de las 55 ligas nacionales de Europa. Se trata de documentación que refleja, a las claras, planes que representan una amenaza para la salud de las ligas nacionales y la mayoría de los clubes de Europa. Esa Superliga propuesta convertiría a las competiciones nacionales en irrelevantes y establecería una división entre las dos docenas de clubes más ricos y los cientos de otros que conforman el grueso del escenario europeo. El moderlo, permitir que los 21 mejores equipos en una Liga de Campeones de 32 equipos se clasifiquen automáticamente para la siguiente  temporada, lo que les vendría a asegurar una participación anucal, así como más millones en ingresos por TV que el resto de sus competidores en otras ligas nacionales.

Hay más. Si el proyecto de Liga de la ECA sale adelante, el valor de los clubes de LaLiga disminuiría un 40 por ciento" y los ingresos disminuirían hasta 800 millones por temporada, según un informe de la consultora KPMG. Poca broma. Eso, por no contar con algo de cajón de madera de pino. El 90% de los clubes europeos, de diferentes ligas nacionales, tienen claro que  sólo los méritos deportivos de cada temporada deben decidir qué equipos deben jugar las competiciones internacionales, y no un “proyecto de barra de bar a las cinco de la mañana”, como dice Javier Tebas. Podría significar la destrucción de las competiciones nacionales y la sostenibilidad, tanto deportiva como financiera, de la gran mayoría de los clubes de Europa. Los clubes de la Premier League dicen "no" a la Superliga. La Budesliga, también. Es pan para hoy, hambre para mañana.

¿Y la UEFA, qué? Pues se empeña en figurar como neutral en esta “guerra fría”. Su presidente, Alexander Ceferin, señala que “aún no se han tomado decisiones, sólo se están planteando ideas”. Un discurso lleno de ambigüedades, porque el proyecto de la Superliga planteada por la ECA lleva meses encima de la mesa. Y una postura aún más difícil de creer tras las revelaciones publicadas por "The New York Times" a este respecto. A Ceferin se le está cayendo la careta. Las ligas europeas de fútbol y un amplio grupo de clubes exigen a la UEFA una “verdadera negociación”del nuevo escenario, no una reforma por la puerta trasera, que beneficie a dos decenas de clubes y lastre al resto. Según avanzan las hojas del calendario, crece la ola de rechazo hacia la Superliga. A mediados del mes de octubre, en Londres, se producirá la batalla definitiva. Si algunos presidentes de los clubes más poderosos de Europa creían que sería sencillo implantar un nuevo torneo sin contar con las ligas nacionales europeas, estaban equivocados. Habrá batalla. ECA y UEFA, caretas fuera.

Rubén Uría

Cerrar