Si no hay lágrimas, no hay Luis Suárez

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El charrúa, una incógnita en Brasil, tuvo que pasar por momentos sensibles: el constante recuerdo de Walter, su amigo-kinesiólogo que lo curó en 2014.

-Dejá las muletas ahí y caminá...

-Pero si no puedo caminar...

-Vos dejálas ahí...

Y las dejó. Porque, cuando Walter decía algo, Luis Suárez obedecía.

19 de junio de 2014

Roy Hodgson, entrenador de Inglaterra, dijo que su equipo tenía ventaja. Enfrentarían a un equipo con un futbolista "en un 50%". Tras 28 días de una intervención quirúrgica en los meniscos de la pierna izquierda, Luis Suárez le demostró al mundo varias cosas: primero, que no importaba si estaba completo o a la mitad físicamente, seguía siendo un crack. Segundo, que no olvidaba. Porque cuando le hizo el segundo gol al equipo europeo, lo fue a abrazar a él. Después, lo señaló para que todos le dieran crédito. Lo abrazó. Le besó la pelada. Y, cuando terminó de regalar su homenaje, lloró. Era demasiada presión, una carga de responsabilidad, ganas y miedo muy grandes. Uruguay ganó 2 a 1 y se ilusionaba en el Mundial de Brasil 2014.

-¿Qué hacemos acá?

-Vas a correr.

-¿Si?

-Sí.

Y corrió. Suárez, lesionado tras una patada en un partido de con Liverpool, por la Premier League, cerró los ojos y se dejó llevar por el camino de Walter Ferreira, un kinesiólogo de 61 años con enorme trayectoria en Uruguay. Vinculado al fútbol desde la década del 70, trabajó en Rampla Juniors, Nacional y la Celeste, llevado por Daniel Passarella, en el 2000. 

Walter tenía cáncer. Los médicos le pidieron que descansara. No podía ir al predio de entrenamiento de Uruguay, eran tiempos de quimioterapia y recuperación. Pero Luis Suárez lo quería a él. Entonces, iba a la casa y se dejaba masajear, permitía que le aplicaran todas las maniobras que fueran necesarias, relegaba todo en Walter. Fue el fortalecimiento de una relación que se hizo desde el sufrimiento: el jugador millonario, ganador y ambiciosa que necesitaba acelerar los tiempos de una lesión algo complicada. El kinesiólogo que luchaba ante un dilema demasiado grande: ¿seguir atrás de su pasión, el trabajo en el fútbol, o hacerle caso a los médicos?

"Cuando trabajaba con él, me cansaba...pero bueno", dijo Walter un año después de Brasil 2014. Los médicos le sugirieron que no viajara. Era demasiado desgaste, demasiado riesgo.

-Si vos no vas, yo no voy- le dijo Suárez.

-Luis, si los médicos no me autorizan, no puedo ir. Faltan seis días para viajar y me tengo que dar otra quimio.

-Walter, si vos no vas, yo no voy.

Esa vez, el que obedeció fue Walter.

Luis Suárez PS

22 de marzo de 2016

Después de una larga suspensión por el mordiscón a Chiellini en el Mundial 2014, Suárez volvió a ser parte de la Selección de Uruguay en la quinta fecha de las Eliminatorias Sudamericanas. En su regreso, se encontró con la alegría de ser parte otra vez, pero también con el dolor. Porque Suárez, de 29 años, sólo sabía relacionar a la Celeste con Walter, su amigo, su curador, su consejero. Y, cuando se di cuenta que ya no estaba, fue imposible no sufrir.

"Es difícil, es complicado...cada vez que me preguntan me paro a hablar porque él sabe lo importante que fue para mí. Estoy más seguro, por lo que él hablaba conmigo, él está orgulloso de verme acá, de verme con la camiseta de la Selección y hacer algo especial", dijo Suárez. Se desmoronó cuando le preguntaron por Walter, que murió en enero de este año, después de combatir demasiado contra el cáncer.

Suárez volvió a llorar.

22 de mayo de 2016

Tuvo que tirarse al piso porque no aguantaba más. Sentía el desgarro demasiado cerca. A los 10 minutos del segundo tiempo de la final de la Copa del Rey, ante Sevilla, Luis Suárez se tiró al piso, se tapó la cara y hasta se enojó con un jugador de Sevilla que intentó elongarle la pierna derecha. Después, descansó en el banco de suplentes y no pudo aguantar la frustración. Presintió que algo andaba mal, entendió que era el peor momento para lesionarse, a semanas del comienzo de la Copa América 2016.

Lloró otra vez.

Luis Suárez EMBED

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No se trataba sólo de la lesión. Era mucho más que eso. Suárez ahora tendrá que volver a jugar el partido de la cabeza: soportar a un país que está pendiente de su recuperación. Aguantar la presión de la Copa América que lo necesita en su mejor versión ya que la Celeste llega con algunas dudas en cuanto al rendimiento de su nuevo centro del campo y, sobre todo, con la incógnita de cómo estará su gran estrella. Pero lo que más pesa, aunque no se diga ni sea un tema del día a día, pasa por otro lado: ya no está Walter para ir por otro milagro.

Teniendo en cuenta que se clasifican los dos mejores terceros y los dos primeros, Uruguay parte como gran favorita por sus 15 títulos conquistados. Suárez, al parecer, estará disponible para el debut de su escuadra ante Ecuador y, si no, para la fecha posterior. Hay varias dudas, pero una certeza: para ser como él, hay que llorar un poco, hay que sentir al fútbol como la vida misma. Lo tiene en la esencia: la lucha, el trabajo, los sentimientos.

Si no hay lágrimas, no hay Luis Suárez.

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