Rubén Uría: "Es hora de volver"

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Ruben Uría Blog

Sin Copa antes de tiempo, sin segunda plaza provisional en Liga y con la Champions a tiro de piedra, al Atleti le quedan dos opciones: lamentarse o ponerse en pie. Lo primero le matará. Y lo segundo le ayudará a reflexionar sobre la identidad perdida. Sí, el equipo sufre una plaga bíblica de lesiones, empata demasiado, defiende cada vez peor y ha quedado segundo en un grupo en el que debió ser primero. Sí, el derbi confirma la sospecha: el que llora mama, que el que raja de arbitrajes y calumnia al VAR cuando pierde es el mismo que masajea a los colegiados y bendice el VAR si gana. Nada nuevo bajo el sol. Y sin embargo, más allá de ese hedor mediático insoportable, está la realidad. Eso forma parte del negocio y de la dificultad de una partida de dados donde si el Atleti saca del uno al cinco pierde y si saca seis, vuelve a tirar. Se trata de asumirlo, procesarlo y convivir con ello. Se trata de avanzar sin dejar de recibir golpes. De pelear.

Hace meses, muchos atléticos se envenenaron con el caramelo periodístico de “la mejor plantilla de la historia”, confundieron el culo con las témporas y cambiaron el partido a partido por las ínfulas del nuevo rico, creyendo que con más dinero habría mejor equipo. Presupuesto, inversión, fichajes, gasto, nuevo estadio, demasiado glamour y sobredosis de almíbar. Y no. No se puede combatir al Madrid con las armas del Madrid. Eso es sinónimo de fracaso. No hacía falta ser Einstein para saber que el Atleti equivocaba el tiempo, el discurso, la planificación y el mensaje. Contrató jugadores de mejor pie, retuvo a su mejor jugador, espantó a otros depredadores del mercado y cedió ante la presión periodística del famoso “hay que jugar mejor”, convirtiendo el original barrio de Esparta de Simeone en una suerte de refinada ópera de Milán. Y partido a partido, el Atleti lo ha notado. Tanto, que el Atleti ya no parece el Atleti.

Desnaturalizado, el Atleti parece haber abandonado las constantes vitales que le llevaron a explorar sus límites, a igualarse a los más grandes y derrotarles con otras armas. Durante siete años de cholismo, el Atleti ha sido un equipo más duro que los clavos de un ataúd, con alma de guerrillero y una misión por bandera: molestar. Ahora el Atleti es una molestia para sí mismo. Tiene jugadores con más calidad que antes, tiene un campo más grande del que tenía antes y tiene más ingresos de los que tenía antes. A cambio, ha perdido un trocito de su alma. Y ya no tiene un equipo de auténticos hijos de puta programados para cualquier guerra, ya no tiene jugadores que van al frente con la convicción de representar un estilo que el resto censura, odia y desprecia, porque funciona.  El Atleti ahora tiene más talento, pero ha perdido el espíritu de gladiador que se alimentaba del partido a partido. El Atleti de ahora es pop y el de antes era heavy-metal. El de ahora es balón al pie y el de antes era puro vértigo. El de ahora aguanta un ritmo frenético media hora y el de antes basaba todo su juego en una preparación física paramilitar. El Atleti de ahora  tiene “la mejor plantilla de su historia”, dicen, pero la calidad, como el movimiento, se demuestra andando. Y la calidad, sin trabajo, vale para el Madrid y el Barça, pero no para el Atleti.

Simeone avisó: “No confundan a la gente, el Atleti es trabajo, contragolpe, competir”. Nadie escuchó y en algún momento del camino, esa máxima se ha perdido. Sí, los equipos cambian. Sí, los jugadores se jubilan. Y sí, se han fichado jugadores de características más técnicas. Todo eso es cierto. Tanto, como que el Atleti está dejando de ser el Atleti. Quedan cuatro meses de aquí a final de temporada, se han cometido errores de bulto y sin embargo, aún falta mucho para cruzar la línea de meta. Materia prima hay, entrenador sobra y la ilusión del hincha, aunque golpeada, sigue intacta, porque el ADN de los atléticos consiste en volver a la batalla incluso cuando la guerra parece perdida. No es tiempo de llorar, de quejarse, de refugiarse en el victimismo, de culpar al empedrado o de rescatar la prótesis del Pupas que Simeone pisoteó. El Atleti ya no es eso. Lo fue, pero ya no lo es. Y no quiere ni puede volver a serlo. 

Es la hora de recordar qué ha llevado al Atleti a ganar tantos títulos viniendo de La Nada, de regresar al camino de la humildad, de recuperar el partido a partido, de volver a ser lo que el Atleti ha dejado de ser por voluntad propia, un equipo molesto, un grupo capaz de resistir en el abismo, una historia de camiseta y sudor. Es la hora de dejar de repartir carnés, es tiempo de mirarse a uno mismo, de aparcar las excusas y de dejar de consumir a espuertas todos los gases verbales de la industria del negocio que tú hiciste, negocio por hacer. Es hora de que el Atleti sea lo que siempre ha sido. Un equipo que no es el mejor pero que pelea por serlo, que resiste los golpes sin dejar de avanzar y sabe que su peor enemigo siempre ha sido él mismo. Es hora de que el Atleti, si se ha olvidado de ser el Atleti, vuelva a serlo. Es hora de volver al partido a partido. Es hora de volver. Entre otras cosas, porque siempre es demasiado pronto para rendirse.

Rubén Uría 

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