Román Martínez, el nuevo cerebro del San Lorenzo de Almirón

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AFP
Su último partido en la Libertadores había sido contra Gremio, en la final de 2017, jugando para Lanús. Hoy, el fútbol del Ciclón le pertenece.

Román Martínez guarda en sus pies los días felices de Jorge Almirón. Aunque hablar de sus tobillos es impreciso: la cosa, a los 35 años, está en sus ojos. Decía Eduardo Coudet, el último fin de semana en la Superliga Argentina, en referencia a Darío Cvitanich y a Lisandro López, que la pelota no pide documentos, pero que, entre los 30 y los 35 años, los futbolistas llegan a su plenitud por su capacidad de entender previamente la jugada. El 27 de marzo, el armador de San Lorenzo soplará las 36 velitas. El entrenador lo conocía del Lanús que jugó la final de la Libertadores de 2017, contra Gremio. Lo llevó al Ciclón, luego de que el futbolista pasara seis meses en la B Nacional, jugando para Deportivo Morón, donde debutó en 2000. Fue el alma del equipo contra Melgar: en el segundo tiempo generó las dos más claras y en el primer tiempo fue la piedra angular para el 58% de posesión que tuvieron los azulgrana.

Resultados del Grupo F: San Lorenzo, Junior, Palmeiras y Melgar

San Lorenzo organiza en Perú un mediocampo preparado para la elaboración y para la triangulación. Un volante central -Poblete-, dos interiores -Martínez y Gonzalo Castellani- y dos falsos extremos a pierna cambiada -Héctor Fértoli, diestro, por izquierda; Rubén Botta, zurdo, por derecha-. La amplitud no se la dan los wines sino los laterales: Damián Martínez -en el comienzo del partido llegó a raya de fondo en una clarísima- y Víctor Salazar -un poco menos claro-. El centrodelantero, Nicolás Blandi, es una constante descarga de espalda. La tenencia impone el estilo, sobre todo en el primer tiempo. Melgar también tiene cinco volantes, pero menos predispuestos a la posesión y más a las rápidas transiciones -apoyadas en el talento de Arakaki-.

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Román Martínez es el cerebro de esta historia. Viene de hacerle un golazo a Argentinos, en la derrota de San Lorenzo de local. Ocupa el hueco vacío que dejó Fernando Belluschi, en un bajo momento, en el banco de suplentes, sin ingresar. Es quien más asocia las líneas. El que sabe entender los movimientos de los extremos. El que ve la profundidad de los laterales. Y, sobre todas las cosas, el que sabe interpretar lo que Almirón le pide a su conjunto.

La inteligencia es un elemento fundamental en un fútbol tan físico como el sudamericano. Martínez sabe verlo. Fue el jugador de San Lorenzo que más pases dio -55- y, también, el que más dio en el campo rival -36-. Con Castellani también compartió plantel en Lanús, aunque el mediocampista era suplente. Su socio ideal era Iván Marcone, pivote defensivo del Boca de Gustavo Alfaro. Ahora, encuentra para recibir con comodidad, sabe ver las diagonales de los compañeros, incluso llega la área para empujarla, pero no es mago y no rompe con el gualicho que invade al Ciclón, que sigue sin poder ganar.     

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