Rivaldo, el jugador del Barcelona a quien Florentino subió el sueldo

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Gaspart renovó al alza al brasileño después de que el hoy presidente blanco arrancara a Figo del Camp Nou pagando su cláusula.


LA INTRAHISTORIA

Nadie esperaba el fichaje de Vitor Borba Ferreira por el Barcelona cuando se produjo, el 15 de agosto de 1997. Rivaldo llegó a un Barcelona que acababa de perder a Ronaldo Nazário y a su entrenador, sir Bobby Robson. Hacía pocas semanas de la llegada de Louis Van Gaal al Camp Nou, una incorporación que contaba con la unanimidad de una afición barcelonista que tenía al Ajax campeón de Europa en 1995 como espejo. Pero sin Ronaldo, que había dejado a todos con la boca abierta tras meter 34 goles en la Liga, ya no estaba. Urgía un crack y el Barcelona lo encontró en la estrella del Deportivo de La Coruña.

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El ex del Corinthians y el Palmeiras llegó a un vestuario todavía muy lejos de ser el que ha deslumbrado durante la última década. El Barcelona de hoy no estaba ni en la cuna. Xavi Hernàndez y Carles Puyol apenas eran dos meritorios del primer equipo, Andrés Iniesta y Víctor Valdés ni siquiera estaban en el filial, y en la Masía Leo Messi, Gerard Piqué y Cesc Fàbregas vivían su infancia con absoluta normalidad. Sergio Busquets quizá ni soñaba con vestir de azulgrana, pues no había dado el salto al Jàbac todavía. Pero existía todavía parte de la vieja guardia del 'dream team', con Pep Guardiola, el capitán, a la cabeza.

La integración de Rivaldo fue sencilla. De orígenes muy humildes, tenía un carácter introvertido que contrastaba con la simpatía y la facilidad de trato del joven Ronaldo. Nunca fue muy pródigo con la prensa, por lo menos no hasta que llegaron los problemas con el entrenador. Van Gaal le prometió convertirle en el mejor del mundo si cerraba la boca y le hacía caso en todo. El presidente, Josep Lluís Núñez, también le garantizó un notable aumento de la ficha si conseguía consagrarse como el mejor de los mejores. Rivaldo aceptó el reto sin titubear y durante las dos temporadas siguientes se reinventó, fino mediapunta él, en un extremo izquierdo imparable, tan veloz como estético y efectivo. Dos años después de su llegada al Camp Nou ganó el Balón de Oro y empezaron sus problemas con la cúpula barcelonista a la vez que aumentó su trato con la prensa por el mismo motivo.

Rivaldo Barcelona Real Madrid 2001

Por un lado, la prometida mejora de contrato no llegaba a pesar de haber cumplido su parte del pacto, según entendía. Por el otro, se plantó ante Van Gaal, al que le dijo que no volvería a pisar la banda izquierda. Con la legitimidad de ser el mejor exigió entonces ejercer de mediapunta, su posición natural. Pero Van Gaal quería imponer el 4-3-3 que hoy nadie discute y esta posición no existía en su libreta. La afición, por su parte, daba muestras de tener en mayor estima a un Luis Figo que, llevando más tiempo que el brasileño en el equipo, ya era capitán. Al portugués, además, no se le conocían salidas de tono por cuestiones económicas por aquel entonces y el barcelonismo, tan dado a la división, se fracturó entre los partidarios de convertir a Rivaldo en el santo y seña del equipo y los que preferían a Figo como estrella. Al final fue Florentino Pérez el que acabó con el debate el 24 de julio de 2000.

El candidato a la presidencia del Real Madrid, un desconocido en el mundo del fútbol por aquel entonces, había aprendido la lección tras perder algunos que otros comicios a la butaca noble de la casa blanca. Esta vez se presentaba para ganar y logró un preacuerdo con Figo que supo rentabilizar al máximo al incluir una compensación de 5.000 millones de pesetas -30 millones de euros al cambio actual- con la que garantizó a todos los socios o robarle al eterno rival su jugador más querido o pagarles la cuota de socio durante una temporada entera. Barrió en las elecciones a la presidencia del Real Madrid.

Sin Figo, el recién elegido presidente del Barcelona, Joan Gaspart, hizo lo que mejor sabe hacer y perdió la cabeza intentando intimidar al club blanco. Renovó a Rivaldo con una ficha muy superior a la de Figo y le puso una cláusula de rescisión de 1000 millones de euros en una pueril muestra de fuerza ante el Real Madrid. Aquello fue la trampa que condenó el futuro del brasileño, que seguía sin contar con el apoyo de la afición y para quien también pasaban los años. Con Llorenç Serra Ferrer primero y Carles Rexach después en el banquillo, jugó en la mediapunta pero a los casi treinta años que tenía había perdido buena parte de su explosivididad, dependiendo en exceso de su técnica.

Al final, acabó recibiendo la carta de libertad en 2002 y se fue al Milan, donde tampoco consiguió ofrecer el nivel de sus primeros años en el Barcelona. Dejó jugadas para el recuerdo y partidos que llevarán para siempre su nombre, como el hat trick a los 'rossoneri' en la Champions League o la chilena que culminó otro triplete de goles al Valencia en la última jornada de la temporada 2000/01 y que hizo enloquecer a Gaspart en el palco, pues aquella victoria supuso jugar la máxima competición continental como cuarto clasificado. Es una realidad que, por distinta, puede parecer lejana a muchos aficionados culés. Pero hubo un tiempo no tan remoto en el que el Barcelona celebraba cuartas posiciones. Y de no haber contado con Rivaldo, quizá ni de esto habría podido disfrutar.

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