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Argentina

Messi juega su Copa afuera de la cancha

7:52 p. m. COT 30/06/19
Lionel Messi Argentina Venezuela Copa America 28062019
La mejor versión del 10 en la competencia se ve afuera del césped: arrastra la presión, toma decisiones y es el líder que tanto le reclamaron.

Terminó el partido contra Colombia en el Arena Fonte Nova de Salvador. Argentina jugó mal y perdió bien. Messi tuvo un partido flojísimo. El arranque del equipo de Scaloni en la Copa América fue el peor. El técnico habla en conferencia de prensa, dice que hay cosas por corregir, que es el comienzo, se queja del estado del campo de juego y, de alguna manera, pide paciencia. Messi sale del vestuario y se frena a hablar con los periodistas que lo esperan en la zona mixta. Para y responde todas las preguntas que le hace el primer grupo. Son varias cámaras y micrófonos. Con las manos hacia atrás y sosteniendo su botinero habla tranquilo. Dice que cuando Argentina pierde “siempre es grave”, que se lleva todo al máximo. Es autocrítico pero le quita dramatismo a la situación: “Hay un buen grupo, vamos a levantar y estamos preparados para asumir el desafío. Más allá del resultado hubo cosas buenas. Hay que levantar la cabeza y seguir”.

Camina menos de un metro y se vuelve a frenar. Hay otro grupo de periodistas que, en su mayoría, le repite las preguntas que le hicieron hace apenas unos minutos. Vuelve a responder todo con amabilidad. Incluso asiente con la cabeza, como coincidiendo, ante la pregunta retórica que afirma que no tuvo un buen partido. Al ser consultado por el campo de juego, le baja un tono a lo que dijo Scaloni y afirma que no estaba en óptimas condiciones pero que “no es excusa”. Termina la ronda y camina cinco pasos. Vuelve a frenarse y dialoga con otros periodistas que habían llegado hasta Salvador. No tiene apuro. Se lo ve tranquilo y entendiendo la situación: es el capitán, es el líder de este equipo. Es quien tiene que hablar después de esta dura derrota.

Belo Horizonte, cuatro días después. Argentina vuelve a hacer un pobre papel pero el gol de penal de Leo le permite rescatar un punto ante Paraguay. Sólo uno de seis y quedan tres por jugarse. El panorama se complica. Argentina juega mal. La Pulga sale del vestuario y repite la rutina: frena ante cada micrófono, habla con cada periodista.  Responde todo y dice lo que tiene que decir. Dice que lo que pasó con Argentina es “algo impensado” y es tajante: "Es frustrante no ganar. Ya jugamos dos partidos y no logramos los tres puntos en ninguno. Lo que más duele es que no tenemos el funcionamiento, que debemos seguir en la búsqueda de un equipo, y que encima no hay tiempo”. También dice que hay una forma de mejorar, jugando con dos delanteros, porque “así estábamos generando un poco más” y porque “con el hecho de tener dos delanteros en el área, ya generás otra sensación de peligro”. Y es técnico y no le importa que digan que Messi le está bajando línea a Scaloni porque Messi, repite, lo más importante es que Argentina le gane a Qatar o se quedará afuera de la Copa América. 

Es domingo y la Albiceleste se enfrenta al equipo más débil del Grupo B. Gana, como era de esperarse, aunque nada le había salido como debía salirle -al menos como la famosa “historia” indica- hasta el momento. Paraguay pierde y los de Scaloni se clasifican segundos de grupo. Leo, otra vez, no brilló. Pero también, otra vez, jugó afuera de la cancha. “Ahora es a todo o nada. Ya no podemos cometer errores. Nos dieron una vida y hay que aprovecharla”. Las frases son un poco obvias, sí, pero las dice él. Es el que habla de que a Argentina le dieron una vida los demás, que la oportunidad llegó de afuera y no por lo hecho. No dice nada nuevo pero dice mucho. 

Messi, a la conquista de los corazones rotos

Llegan los cuartos de final ante Venezuela. El estadio Maracaná explota en un grito cuando anuncian a La Pulga como titular. Leo, que está haciendo la entrada en calor, levanta la mano y saluda. Está concentradísimo, como siempre. Sabe que se terminó el margen de error y que sólo Argentina puede salvarse a si misma.La presión para este equipo lleno de jóvenes es grande. Y sorprende con una jugada: canta el himno. Todo el mundo habla de eso como si Messi necesitara hacerlo para dejar en claro que siente los colores de la Selección. A él no le importa lo que se dice, pero la decisión de cantar no fue ingenua. Se llevó todos los flashes. Adentro de la cancha las figuras son otras. Messi no luce, ni siquiera es desequilibrante. Pero afuera, otra vez, tira una jugada de esas que dejan a la gente boquiabierta. “Hoy tenía ganas de cantar el himno y lo canté”, se ríe. Y, ahora que Argentina ganó, se queja de los campos de juego: "Lamentablemente las canchas son muy malas. Es una vergüenza que estemos disputando una Copa América con esta cancha. No te permite jugar bien. Nosotros intentamos a veces pero es muy difícil. Los rivales te meten mucha gente en el medio y tenés que jugar rápido para salir de esas situaciones y no podés”. 

Messi sabe cuándo, sabe cómo. También sabe que no es el que puede (y debe) ser. "No está siendo mi mejor Copa América", dice antes de la semifinal ante Brasil. Él lo sabe, claro que lo sabe. Messi es el 10 y, lo que todavía no pudo adentro de la cancha en Brasil, lo está haciendo afuera. Messi es el capitán que tanto le reclamaban que fuera, ese que se acerca a Casco después del gol de Paraguay y le da palabras de aliento, ese que les habla a los árbitros (sabe el peso que tiene su palabra) y no deja pasar una. Ese mismo que en los entrenamientos se ríe cuando se tiene que reír y ser uno más, pero que toma la palabra en Belo Horizonte a la par de Scaloni. Messi es el líder que le pidieron que fuera. Ahora sólo le falta ser el crack que siempre fue adentro de la cancha.