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La identidad, el gran problema de la relación entre Boca y sus hinchas

10:48 a. m. COT 19/03/18
Boca River Supercopa Argentina 14032018
El Xeneize afronta un mayor desafío que excede los resultados: enamorar a su gente.

Boca afronta sus horas más complicadas en lo que va de la temporada. Una nueva caída en un partido definitorio ante River pusieron al plantel en el ojo de la tormenta, pero en épocas positivas para muchos otros equipos la cuestión de fondo pasa por otro lado.

El Xeneize disfruta de tener un técnico que es un ídolo de la institución y con motivos para ensanchar su espalda: casi 500 días como puntero de la Superliga, recientemente campeón y con aspiraciones en la próxima Copa Libertadores, además de un camino que parece allanado hacia el bicampeonato local. 

Sin embargo, el problema no es el resultado. 

El hincha de fútbol basa su banca y enamoramiento en la identificación con su club, en su historia y en lo que demuestra. Y su club basa su relación con su gente en la identidad, en el juego. Y ese es el déficit de este Boca ganador.

Independiente tuvo a Almirón y a un ídolo del club como Gabriel Milito como técnicos. Pero su juego nunca se identificó en el ojo del hincha. Apareció Holan, el juego vertical y de buen pie que le gusta al hincha del Rojo. De hecho no tuvo resultados de primera, pero en el siempre complicado Libertadores de América hubo banca para el ex Defensa y Justicia. Porque estaban identificados en el juego. 

A Argentinos Juniors le pasa lo mismo: hace un par de semanas sonó el histórico canto "Fútbol y toque, los Globertrotters de La Paternal", haciendo clara alusión a lo que pasaba dentro del campo. Racing la encontró con su juego agresivo de la mano de Coudet, Talleres por el eterno Kudelka

A Boca le falta lograr esa identidad. El hincha se ve reflejado en Wilmar Barrios o Nahitan Nández, a quienes ovaciona en cada presentación del equipo, una muestra clara de lo que pretende el público xeneize. Pero nunca generó una identificación desde el juego: el mejor equipo de Guillermo Barros Schelotto ganaba a través de un estilo de golpe por golpe, contrario a lo que la historia del club demanda. En los últimos diez años esa identidad la logró únicamente el equipo de Julio César Falcioni, pero la pelea con Juan Román Riquelme tiró todo por la borda.

River, por otro lado, enamora desde Gallardo. Ni siquiera desde un estilo claro de juego, sino por su impronta ganadora y hasta tuvo un arma de doble filo: ganándole a Boca los partidos decisivos enamoró a su gente, pero también hizo que el xeneize pierda encanto ante los suyos.

El desafío de Boca es, desde ahora en más, volver a conquistar a su gente, volver a enamorar. Lograr que el hincha se identifique con este equipo. Algo que va mucho más allá de ganar algunos partidos.