La decisión de Pep ¿qué tienen el City y la Juve para convencerle?

Comentarios()
Getty Images
Vuelven los rumores sobre un cambio de aires de Guardiola, que en el pasado ha dejado trazos para saber qué le pasa ahora por la cabeza

Pep Guardiola dijo una vez que el Athletic enamora y que allí iría a entrenar si se lo pidiesen. Es algo irreal, por supuesto, porque Pep sigue a otras cosas, pero con su frase definía cuestiones que para él son importantes la hora de elegir un club. Que no es solo el presupuesto, que la tradición y la afición son un valor, que el fútbol es arraigo y es historia, es lo que cuentan los padres a los hijos. No es un capricho sino un proceso y solo se puede entender desde esa perspectiva. Todo eso estaba en su cabeza cuando tomó sus decisiones del pasado y lo estará en las que le vengan en el futuro. 

Y, sin embargo, Pep entrena al Manchester City. Como club es una negación de todas cuestiones anteriores. Porque tiene tradición, pero no deja de ser una anécdota en la historia del fútbol inglés. En cuanto al arraigo, es una institución que dio bandazos durante años, cambió en varias ocasiones el escudo sin grandes quejas, vagó por el desierto a la sombra de instituciones más populares y ganadoras, incluso en su misma ciudad, de intenso color rojo.

Solo empezó a tener las cosas claras cuando llegó dinero del golfo pérsico en grandes cantidades. Todo huele a nuevo en el City. La novísima ciudad deportiva llegó de golpe, casi sin pensarlo, a pesar de que la que tenían previamente todavía tenía buen uso. El club pensó que mejor más cerca del estadio y, si se puede, ¿por qué no? También cambió el estadio, o reforzó la cantera hasta convertirla en un referente en Inglaterra.

Construir un equipo por y para Pep

Lo mismo ocurrió en muchas otras decisiones empresariales. El club no creció a velocidades normales sino como un Fórmula 1, abrió sucursales en Melbourne y Nueva York, apadrinó a otros clubes más pequeños. Todo con el fuerte influjo del dinero. Era, por definición, el lugar más extraño para Pep, un entorno artificial y un poco frío para alguien que valora el fútbol de barro y balón de cuero.

Pero ese fue el sitio que eligió cuando el Bayern le sobrepasó. No era el club que Guardiola querría para el fútbol, pero sí era el lugar en el que Pep quería estar. Primero porque él, como todos los de su nivel, ya no se pueden permitir nada que no sea un presupuesto extenso para hacer una plantilla a capricho. Sin eso, el City no hubiese sido siquiera una opción, pero no fue solo eso.

El City no tenía suficiente tradición, pero llevaba tiempo preparándose para agradar al técnico. Durante años, buena parte de las decisiones deportivas se tomaron pensando en la llegada de Guardiola. Porque los jeques pueden pintarse como despilfarradores sin brújula, y a veces así lo han sido, pero Khaldoon al Mubarak, el consejero delegado del City, quería algo más que eso. El referente era el Barcelona, que llegaba de su etapa más gloriosa y eso era precisamente lo que intentaron replicar. Con mucho dinero, claro.

Primero Ferrán Soriano, un ejecutivo para comandar el proyecto. Después Txiki Begiristain, el director deportivo. Ambos eran parte de la construcción de aquel Barcelona pero, quizá tan importante como eso, eran amigos y confidentes de Pep Guardiola. El City se fue llenando de catalanes en los más diversos puestos, desde márketing hasta los entrenadores de equipos inferiores pasando por el director financiero. No era, no necesariamente, una cuestión estratégica, pero así se dio.

Muchos de esos empleados se conocen desde hace años y se tienen estima, unos cuantos quedan con frecuencia en el Barça, un pub junto a Castelfield, uno de los lugares de moda de Manchester, que señala también la procedencia. Muchos de ellos antes estuvieron en el Barcelona y formaron parte del primer gran proyecto de Guardiola.

Pep tuvo todas las opciones en la mesa, cualquiera de los otros grandes de Europa -salvo, quizá, el Madrid- hubiese hecho saltar la banca por él. Equipos, sin duda, más adecuados al pensamiento de Guardiola de lo que debe ser un club, instituciones mucho más parecidas al Barcelona o al Bayern de lo que es el City. Esa vez, sin embargo, pesó lo personal y decidió que no era tan horrible ir a un sitio artificial si allí te esperan un puñado de amigos con ganas de agradar. Y un proyecto que no tendrá problema en empujar hasta los extremos -según football leaks, incluso a traspasarlos- con tal de llegar a los objetivos.

Volver a la tradición

En Italia ven a Guardiola en la Juventus, aunque él se ha afanado a desmentirlo. El caso es que, de ser así, nadie podría extrañarse. La ‘vecchia signora’ es la definición de club en la que Pep se ve, lo que él entiende por un gran club, con una tradición rocosa, un pabellón de nombres ilustres que se extiende por décadas, un lugar en el que cada generación iba siendo mejor y más competitiva que la anterior. Una estirpe.

Y no sería solo eso. Guardiola estuvo tres años en el Bayern porque no quería quemar el proyecto. Su referente era el Barcelona, en el que pasó cuatro años y siempre consideró que habían sido demasiados, tanto que entre uno y otro puesto se tomó un tiempo sabático para reflexionar. A Pep no le gusta pasar más tiempo del conveniente en un sitio, porque sabe que los proyectos son efímeros y es muy difícil, salvo que seas Simeone, mantener intactos los niveles de motivación. Propios y ajenos. Una temporada más en Manchester sería un cambio de registro en un nómada por naturaleza.

El artículo sigue a continuación

Ahora bien, esa tensión que le ha llevado en otras ocasiones a verse en la necesidad de evadirse, en el City es diferente. Parte de la fricción tiene que ver con intangibles que no existen en el reino de Abu Dabi. La tensión que sintió Guardiola en el Barcelona o en el Bayern es menor en el City ¿por qué? Primero, por aquello de la familia, que siempre es más suave.

Después, porque una tradición novísima y un poco de cartón piedra tiene defectos evidentes para los amantes del fútbol aristocrático, pero es una bendición para las expectativas. No hay una institución que te recuerde los fantasmas del pasado, ni exjugadores un poco aburridos a los que se tiene en cuenta cantándote las cuarentas o las legiones de periodistas que escrutan el día a día del equipo. El City es un proyecto enorme, pero vive en una burbuja, más aislado de la realidad que casi todos sus competidores en Europa.

Algún día se marchará, Guardiola ha dado muestras de que sus inquietudes le impiden mantenerse fiel para toda la vida a un club, pero lo que es seguro es que le será imposible encontrar un hogar como el que tiene ahora. Por la compañía y por el entorno, pues si algún día se marcha lo más probable es que recale en un lugar como la Juventus: altivo, seguro de sí mismo y con más historias que contar que Scheherezade.

Cerrar