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Isco y Silva, ‘yin y yang’

12:03 p. m. COT 19/01/19
Isco, Real Madrid
Culpen a la ley de la gravedad.

Negar que Isco ha sido un jugador relevante en el Real Madrid desde que llegó al Bernabéu es estar ciego. El malagueño ha tenido minutos en las cuatro finales de Champions League que ha ganado el equipo blanco en el último lustro, siendo titular en las dos últimas. Que haya sido el futbolista con más minutos acumulados en la mediapunta del Real Madrid en las últimas cuatro finales ganadas, expresa su gran relevancia en el conjunto de Concha Espina.

Otra cosa es admitir que Isco ha conseguido, a través de esa presencia en el vértice del juego blanco, un estatus de estrella incuestionable. A la afición le pasa con Isco pasa como a los padres con los novios responsables de sus hijas: nunca son suficientes para ella. Siempre hay alguna pega. Por mucho que el muchacho sea amable y tenga buena posición, la desconfianza siempre está latente. Y esa maldición desquicia al 22 blanco.

Isco tiene dos problemas fundamentales: que es un jugador poco reconocible y que, a veces, tiene la tendencia a pensar que el mundo conspira contra él. Isco querría que su rol fuese más parecido a a Ronaldinho que al de Iniesta. Pero como es español de él se esperan más paredes, que sombreros; más combinación, que conducción. Es imposible negarle el talento, así como es imposible negarle el éxito. Pero se cuestiona siempre su rol. Isco quiere ser el jugador franquicia, sueña con evolucionar el estilo tocón de los locos bajitos, añadiéndole un toque de duende, de anarquía, de indisciplina brasileña. Las cualidades las tiene, pero parece que no da con el puente que conecte ambas virtudes, ambos segmentos -lo depurado y lo barroco- para que su capacidad deslumbre. Mientras busca aclara qué jugador quiere ser, se frustra y se convierte en un rumiante en el banquillo.

A David Silva le pasa lo contrario. Se ha convertido en uno de los futbolistas más trascendentes de la historia de España sin hacer ruido. Su presencia en la Selección declinó con Del Bosque, pero fue capital con Aragonés y Lopetegui. Silva siempre supo reivindicar su posición en el esquema, ya fuera como secundario de lujo o como solista indetectable, el dueño ausente de la melodía. Y la melodía siempre ha sido tan sutil cuando ha jugado, que el silencio parece haber sido el combustible de su éxito.

Frente a los Wolves, en la pasada jornada de la Premier, Silva se convirtió en el jugador con más partidos de la historia del Manchester City en la Premier League. El canario ya ha estado en 267 citas citizens y ha superado a Joe Hart. Va camino de completar una década en la Premier League y su nivel no decae. Pocos podíamos prever que Silva, un futbolista esteta y discreto hasta el tuétano, iba a poder resistir tanto tiempo en el correcalles de la Premier League. Pero la resilencia y la elasticidad del 21 es incalculable.

Guardiola incluso tiene la capacidad de hacer un ejercicio de nostalgia jugando con David Silva y Bernardo Silva. El técnico del City junta mucho a sus dos interiores y les hace avanzar sincronizados, como ejerciendo una coreografía letal para el rival, donde ambos Silvas se mueven a la par, intercambiando espacios, pedaleando al unísono, como los dos caballos de un maestro de ajedrez en el tablero. Parecen interpretar un biopic dual de la historia de Xavi e Iniesta en el mejor Barcelona.

Silva es el futbolista silencioso e Isco es un futbolista artístico. El equilibrio ha tejido la carrera del jugador del City. El existencialismo del artista marcará la del malagueño. Cuantos más partidos vea Isco de Silva, más oportunidades tendrá de entender su propio fútbol. Y cuando se entienda él mismo, entonces sí, también él podrá hacerse eterno.