Rubén Uría: Fracasar

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Pónganle el nombre que quieran. A la carta, a gusto del consumidor. Revés, derrota, pérdida, descalabro, fallo, caída o batacazo. O fracaso, que es una palabra que repudia el deportista y siempre tiene en la boca el periodista. Al grano. Cuando un equipo de la magnitud y presupuesto del Atlético de Madrid cae en la Copa del Rey y se despide de un título en segunda ronda, la pregunta del millón es muy sencilla: ¿Es un fracaso caer a doble partido ante un equipo con menos dinero y jugadores de menor potencial? ¿Se puede considerar un fracaso cuando has dado todo lo que tenías y lo has intentado? La respuesta tiene dos letras, pero la palabra es una sola. Y si Simeone, que en su día llegó a decir que perder la final de la Champions ante un equipo que tiene más Copas de Europa que el Atleti Ligas, era un fracaso, imaginen qué significa caer, con todos los respetos, ante el Girona. Suele pasar cuando el contrario chuta tres veces y te hace tres goles. Suele pasar cuando no hay día que no caiga lesionado alguien. Suele ocurrir cuando un extraordinario grupo de futbolistas hace tanto esfuerzos continuados sin tregua. A veces, con la épica, no alcanza.

En la fila de las excusas, habrá quien quiera acordarse del partido de ida, quien apele al victimismo arbitral, quien reproche un fuera de juego, quien hable de un posible penalti y quien caiga en la tentación de rescatar la estupidez del Pupas.Historias para no dormir. Por descontado, podrá buscar culpables en vez de soluciones, poniendo cara y ojos al fracaso, hablando de Adán, de Koke, de Kalinic o de si la abuela fuma, culpando a un jugador en concreto o a media docena si hace falta, porque el fútbol no tiene memoria y es el único deporte que presume de ello. Y por supuesto, en una noche amarga, de indisimulado dolor colchonero, no faltará quien asome ahora la patita para cobrarle facturas atrasadas a Simeone, que eso este país es un deporte olímpico. Asumido.

Ahora Simeone y sus jugadores tendrán que hacer autocrítica, duplicar esfuerzos, unirse y recordar que sólo la dureza del fracaso nos permite aprender. Ser del Atleti es eso. Caer y levantarse. Cien, mil y un millón de veces. Las que haga falta, porque esa camiseta consiste en levantarse, incluso cuando no existen ganas de levantarse. Simeone sabe que el Atleti se ha caído.  Por detalles, por mala defensa, por cansancio, por la contundencia del rival, porque fue una de esas noches donde no hay refugio ni explicación posible. Por lo que sea, pero su Atleti ha caído y salir así de la Copa se llama, con perdón, fracaso. Pero hay un fracaso mucho más grande que fracasar en la Copa, dejar de intentarlo el resto del curso. En el fútbol, como en la vida, sólo hay dos maneras de salir de un fracaso: irse a llorar al Carmen o asumir que cada fracaso es una nueva oportunidad de alcanzar el éxito. 

Rubén Uría

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