Entrevista con Miguel Russo: Bilardo, Riquelme, la Libertadores y el fútbol en 30 años como técnico

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El técnico de Alianza Lima hace un repaso por su prolífica carrera y habla de la evolución del juego en las últimas tres décadas

- Arrancó a dirigir en el 89.
- Sí, hace casi 30 años.

- ¿Qué pasó en la profesión de técnico en estas últimas tres décadas?
- ¿Qué pasó? Qué me pasó a mí.

Cuenta que no era usual que un jugador se retirara y en tan poco tiempo empezara a dirigir. Debutó en Primera en 1975 y en 1988, con más de 400 partidos, se retiró. Sólo jugó en Estudiantes. Tardó seis meses en asumir en Lanús. Dirigió quince equipos, cuatro veces a Rosario Central, dos a Estudiantes y dos a Vélez. Estuvo afuera de su país: Universidad de Chile, Salamanca de España, Morelia de México, Millonarios de Colombia y Alianza Lima de Perú. Oficialmente, se paró delante de un banco de suplentes 1037 partidos. Es decir: Miguel Ángel Russo, de 63 años, prácticamente no ha hecho otra cosa más que pensar en fútbol.

- ¿Qué cambió en 30 años?
- Es difícil porque yo lo vengo repitiendo. Es como el primer día en que arranqué como entrenador. Todo lo que pasó tiene el mismo desarrollo. Lo vivo con la misma intensidad y con el mismo amor y con el mismo deseo desde el primer día. Esto no cambió en nada.

- ¿Qué le preocupaba antes y ahora ya no?
- Antes todas eran preocupaciones. No había una sola, eran mil. Yo había dejado de jugar hacía seis meses. Haber dejado y convertirse en entrenador era un desafío muy grande para la época, más con 32 o 33 años. Era una cosa completamente distinta. Los entrenadores tenían todos 40 y pico de años, 50. Era difícil. Yo tenía que pensar en cómo le ganaba a Griguol, a Bilardo, a Menotti, a Yudica. La única manera es que si ellos trabajaban cinco horas, yo trabajaba diez y, si trabajaban diez, yo trabajaba veinte. Arranqué en un club del que estoy eternamente agradecido porque me entregaron las llaves y pusimos las bases de lo que hay hoy para que Lanús esté donde está.

AFP Miguel Ángel Russo Copa Libertadores

- ¿El fútbol cambió?
- Cambió totalmente.

- ¿Qué cambió?
- Cambian los pensamientos y la tecnología. A ver, la pelota sigue siendo redonda, hay que dársela a los del mismo color de camiseta, todos tienen que atacar y tienen que defender. Pero cambió la sociedad y los valores. Cuando yo arranqué como entrenador, había una sola preocupación que era jugar a la pelota. Hoy tienen diez cosas. El mundo ha cambiado. La tecnología. La sociedad. La droga. La seguridad. Los padres están más encima de los chicos. Mi mamá salía a la puerta de la casa y preguntaba en dónde está el chico, le decían que estaba en la esquina y se quedaba tranquila. Hoy esas cosas no suceden. Lamentablemente. La inseguridad en América del Sur ha cambiado. Los chicos han perdido libertades y eso retrasa su crecimiento. Si no están vigilados o cuidados, no los dejan salir de la casa. Y eso al futbolista lo hizo perder una impronta natural que teníamos de naturaleza de la calle misma.

- Ahora se habla de análisis, de los videos.
- Yo tuve maestros como Bilardo y Manera que, a su forma y a su manera, hacían análisis. Bilardo traía un aparato grande como una mesa, un BetaMax, no sé ni lo que era. Tardaba una hora para armarlo y otra hora para ponerlo bien. Y por ahí aparecía Willington Ortega, un colombiano que jugaba bien, así de chiquitito. Indicaban que los caminos iban a ser otros. Después vienen las inquietudes. Cuando era entrenador, editaba yo los lunes. Fui de una búsqueda permanente. 

- ¿Pero, a pesar de los videos, sigue importando el ojo del entrenador?
- Esto es como la tecnología: está todo bárbaro, pero el ojo es humano. ¿La tecnología ayuda? Claro que ayuda, pero el ojo es humano. Como el VAR, el ojo sigue siendo humano y gracias a Dios es así. En la parte de los entrenadores, la función es detectar los pro, los contra, los talentos, el progreso. Hoy tenemos más formas, a diferencia de mi época, para demostrar con más ejemplos de cómo se mejora. Pero todo cambió. La medicina cambió. En mi vida nunca tuve un desgarro. Mentira, jugué desgarrado, pero no teníamos los elementos, ni los aparatos, para decir cuántos milímetros. El médico te decía: "¿Te duele?", y según tu capacidad de aguantar el dolor jugabas o no. Este juego es casi perfecto porque no ha modificado sus reglas, las que modificó fue para mejorar su velocidad, pero la esencia del juego es la misma.

- ¿Tácticamente qué cambió? 
- El Estudiantes de Zubeldía fue un adelantado de 50 años. El Ajax de Cruyff, también. Hoy está en permanente evolución. Se van produciendo cambios. Los cambios lo dan las capacidades de los jugadores de entender el juego. No lo damos los entrenadores. En algún momento el jugador produce un cambio en su forma y produce una variación. No es que alguien inventó o yo inventé. 

- ¿Qué jugadores te marcaron?
- Compañeros como Trobbiani y Sabella te marcaban una tendencia. Sabella decían que jugaba de enganche, pero era un volante mixto adelantado, por el andarivel derecho, al revés. Arrancaba desde la derecha, con la zurda, y le quedaba perfecta para la subida del lateral derecho que era Julián Camino. Es la capacidad del entrenador y también la del jugador. Las cosas van de la mano. El jugador propone, tiene cosas, el entrenador orienta y busca lo mejor.

- ¿Y como entrenador qué jugador te marcó?
- Sebastián Verón. Riquelme era muy inteligente. El Negro, Héctor Enrique, era crack de verdad. Los jugadores siempre son distintos. Ver jugar a Miguel Brinidisi era un placer. Era un volante de área a área. Pateaba tiro libre, córners. Siendo más grande jugaba de nueve retrasado y jugaba bárbaro también. Son jugadores de elite que te van marcando diferencia del resto.

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- ¿Qué significa la Copa Libertadores?
- Yo digo que la Libertadores es la novia que uno siempre tuvo pero que después te deja y la tenés que conquistar otra vez. Estamos permanentemente buscando un romance, deja que la acaricies y después se aleja. Valoro mucho a los que tienen los logros. Valoro esta etapa de la Libertadores porque es muy amplia, muy generosa y busca el crecimiento de un continente como América del Sur que tiene la impronta para mejorar.

- ¿Cómo se lleva haber sido el último campeón de la Copa con Boca?
- No pienso en eso. Es un recuerdo muy lindo. Me lo hacen saber cuando llega la fecha. Yo las cosas a niveles personales las valoro todas pero sé que quedan y uno tiene que seguir. La acaricié. La tuve cerquita. Tuve la suerte de tenerla. Si no tenés un romance eterno con la Copa, es muy difícil que las puedas ganar. La Copa te devora. Te absorve. Es la competencia más linda del mundo.

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