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Entrevista con Gallardo: verdades innegociables de un obsesivo vocacional

8:18 a. m. COT 22/04/19
Marcelo Gallardo River Tigre Superliga Fecha 25
El Muñeco se abre y cuenta cómo vive la profesión de entrenador: los vínculos con los jugadores, el goce y la búsqueda de la felicidad.

Los seis títulos internacionales conseguidos en River convirtieron a Marcelo Gallardo en estatua. En el ídolo más grande de los últimos años. En el símbolo del resurgimiento. Pero para Marcelo Gallardo, la felicidad no está directamente vinculada con los triunfos. ¿Y entonces? En una extensa entrevista con el sitio oficial de la CONMEBOL Libertadores, el Muñeco explica cómo vive su profesión y qué le genera mayor placer: los vínculos con los jugadores, el goce y la búsqueda de verdades por sobre el resto de las cosas.

TODOS LOS NÚMEROS DEL CICLO GALLARDO EN RIVER

- ¿Qué te sigue gustando de ser entrenador? 
- Me atrapa como el primer día. Me genera ilusiones de poder seguir aprendiendo. Ir resolviendo situaciones. Ir encontrando respuestas. Si vos le sumas esa calidad de vocación que uno encuentra en esta profesión, termina siendo un callejón sin salida porque, digo siempre, entrenador se es las 24 horas del día. Uno no deja de pensar, no deja de evaluar situaciones, no deja de analizar cuestiones que tienen que ver con la relación del fútbol con las decisiones. Eso a mí me sigue atrapando. Me gusta que así sea. Es una lucha permanente, constante, con el saber cuándo tenés que desconectar. Hasta dónde es el punto donde dejamos o perdemos de vista cosas que son importantes de la vida misma. Tiene todos esos matices. Cuando uno se enfoca en algo termina perteneciendo a un selecto grupo de personas con la posibilidad de hacer lo que les gusta. Y disfrutarla de tal manera.

- ¿Qué tan relacionada está la felicidad con ganar?
- Lo que pasa es que si medimos cuál es la satisfacción son momentos muy pequeños y fugaces. El ganar te da felicidad, pero empieza otro partido que es la preparación del siguiente. Está dentro de las posibilidades que lo puedas perder. ¿Y cómo medimos el momento en que rápidamente termina la victoria y empieza lo otro?

- ¿Cómo te llevás con esa fugacidad?
- Soy un tipo que se va adaptando a los momentos y no me quedo pensando en eso. No soy conformista. No me gusta medir el éxito y la felicidad del éxito como algo que se establece y no se va. Es justo que uno se vaya desarrollando y tenga nuevos desafíos como para volverse a sentir normal. Es eso. La búsqueda de la satisfacción en el trabajo que uno hace está en esos pequeños momentos. Se establecen cosas que te hacen sentir bien y te identifican.

- Alejándolos de los resultados deportivos, más allá de haberle ganado a Boca, ¿qué valorás de tu carrera como entrenador? 
- Las relaciones humanas. Los fuertes lazos que se generan a través de una convivencia. Hay que entender que el entrenador exige a sus jugadores. En eso de las exigencias hay una línea muy delgada. Tenés que encontrar respuestas desde el otro lado. Que te interpreten. Que se respete la imagen del entrenador como profesional y, también, humanamente. Por eso cuando vos preguntás qué me queda: quedan los lindos vínculos trazados con jugadores con los que he tenido la posibilidad de trabajar. Vínculos que hoy sigo compartiendo, incluso, con los que ya no están y sin embargo tenemos una comunicación. Hace que el entrenador se sienta bien. Eso tiene mucho valor.

- ¿Te considerás un tipo obsesivo?
- Siempre digo que peleo con la obsesión. Con la obsesión de tener que, de alguna manera, disfrutar las pequeñas cosas de la vida y no perder de vista esto. Esta profesión hace que te aisles, que te encierres, que te involucres mucho más tiempo de lo que es necesario.

- ¿Por qué pasa eso con esta profesión?
- Porque uno es pasional. Porque a uno le gusta lo que hace. Yo dije que en esta profesión encontré una vocación. Cuando pasa eso y se mezcla con la pasión es muy difícil salirse de ahí y no embarcarse en todas esas cuestiones.

- ¿Como jugador te pasaba lo mismo?
- Yo siempre fui pasional. A mí me gustaba jugar. Respondí pasionalmente a lo que sentía por el fútbol, pero empecé a despertar ciertos pensamientos de entrenador a partir de los 29 o 30 años cuando ya empezaba a preguntarme el porqué y para qué de las cosas. Hoy es diferente. Ya no juego más y ahora pienso por los que juegan. Y cuando jugaba pensaba por mi mismo y por ser mejor de acuerdo a lo que podía ser. Ahora uno piensa por los que juegan y no por uno.

- ¿Es posible ser entrenador sin tener pensamiento crítico?
- No, un entrenador se está preguntando el porqué siempre. En mi opinión, es así. Uno siempre está analizando. Siempre está resolviendo cuestiones. Tomando decisiones. A veces acierta; a veces, no. Siempre cuando uno no acierta se hace la típica pregunta del porqué.

- ¿Qué es innegociable en vos?
- Una de las cosas que, por lo menos yo aprendí que no podés negociar, es la verdad por más dura que sea. Siempre tiene que haber una verdad sobre la mesa. Partiendo de esa base hay un montón de cuestiones que tienen que ver con el manejo de grupo y cómo lidiar con un montón de personalidades distintas, pero siempre con la verdad.

- ¿Qué tan dura es la verdad en la cara de los jugadores? 
- Con el tiempo yo creo que vas entendiendo ciertas reacciones. Hay que comprender también al futbolista. Uno que fue futbolista ha puesto mala cara ante alguna decisión que uno no comparte. Me parece que, cuando hay verdad y sinceridad y cuando se argumentan las cosas, ese camino se va allanando para seguir hacia adelante. Cuando vos ya no vas con la verdad, ya empieza a haber situaciones en las cuales no podés avanzar. A mí no me deja avanzar. Más allá de que guste, o no. Está relacionado con la capacidad que uno tenga para también argumentar las cosas y el entrenador debe tener ciertas capacidades para argumentar cuando el futbolista lo necesita. Hay algunos que no la necesitan, que las entienden. Hay otros que no preguntan y acatan. Existen los que necesitan una explicación y ahí el buen entrenador de fútbol tiene que estar capacitado para poder darl

- La gama de respuestas a diferentes situaciones, ¿nacieron con vos? ¿las estudiaste?
- Algunas son naturales, otras claramente las he adquirido bajo la posibilidad de ir aprendiendo en el camino, a través de diversas maneras. Uno encuentra respuestas en experiencias de uno como jugador y en experiencias de entrenadores que ha tenido. En información de otras colegas o de otros jugadores. Hay un montón de posibilidades de aprender. El que está abierto y es receptivo va incorporando cosas. Mientras tengas posibilidades o un caudal de información donde te sientas representado siempre está la posibilidad de tener alguna palabra o una frase a mano para, a veces, calmar las aguas. A veces no, porque uno es sangüíneo y tiene que medir algunas cuestiones relacionadas con la frontalidad. También hay que saber medir esa frontalidad con la que te dirigís. Esas son todas cosas que uno tiene que percibir para gestionar.

- En eso de la verdad y de argumentar la verdad, suena mucho a Bielsa también.
- En ese caso, su relación es mucho más profesional. A mí me gusta no ser amigo del futbolista, pero saber qué pasa, qué siente, ser más cercano. Yo no recuerdo a Marcelo tener un vínculo más afectivo, aunque no digo que no lo haya tenido. Pero mucho más profesional. Es una forma de gestionar y yo creo que hay otras muy válidas. Como entender que la relación humana, bien medida, también puede ser efectiva.

- Dijiste, cuando hablaste sobre la obsesión, que no querías perder de vista los pequeñas cosas de la vida, ¿cuáles son? 
- Son los pequeños grandes momentos de la vida. Saber disfrutar que hay otras cosas fuera del fútbol que son muy importantes. Un ejemplo claro es la familia. El tiempo cuando estás sumergido en esta profesión pasa demasiado rápido y a veces no nos damos cuenta. Y nuestros hijos van creciendo y no te das cuenta y, cuando querés darte cuenta, ya es tarde. Esos pequeños momentos son esos pequeños grandes momentos que disfrutás con los tuyos, con tu familia, con tus amigos. Esos pequeños lujos que son importantes.

- ¿Es cierto que El Principito es tu libro preferido? 
- Sí. Lo leí de muy chico. Me quedó marcado. Porque había cosas que eran muy profundas. Me parecían sencillas pero a la vez profundas y me quedaron marcadas. También es uno de los primeros libros que leí. Hay muchas lindas de la vida ahí.