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Copa del Mundo

Dinamarca, contra el patriarcado

4:01 a. m. COT 22/06/18
2017-11-15 Denmark
La selección masculina donó una parte de su sueldo para apoyar la igualdad de género tras la huelga del combinado femenino del año pasado.


EL MUNDIAL Y LA POLÍTICA

Si hay un equipo con agallas ese es la selección femenina de Dinamarca, capaz de ir a la huelga y negarse a jugar un partido clasificatorio para el Mundial de Rúsia en pos de la igualdad de género, representada en la importante brecha salarial entre el combinado masculino y el femenino del país que vio nacer a los hermanos Laudrup. Las internacionales danesas llevaban meses solicitando una negociación hasta que resolvieron declararse en rebeldía antes de un partido ante Suecia en octubre de 2017 en el que no saltaron al terreno de juego. Pedían algo tan elemental como un salario básico mensual, inferior a mil euros, para las jugadoras sin contrato profesional con un club y que fueran convocadas habitualmente con la selección. La federación danesa (DBU) se negó y sus internacionales decidieron movilizarse a pesar de las amenazas de la FIFA de abrirles un expediente, como finalmente sucedió. Sin embargo, la lucha por la igualdad resultó vencedora.

"No pretendemos hacernos ricas" señaló la capitana, Priscille Harder, en un vídeo en el que explicaba sus argumentos tras meses de negociaciones frustradas con la DBU. "No se trata de enormes cantidades de dinero sino de que no tengamos que compaginar el fútbol con un trabajo, a tiempo completo o parcial, o con los estudios, y podernos dedicar al fútbol al cien por cien" tal y como podían -pueden- hacer los internacionales masculinos. La lucha por un mundo mejor suele estar reñida con los órganos de poder, habitualmente reacios a escuchar cualquier propuesta que amenace con cambios reales, y la DBU no fue una excepción, cerrándose en banda a la hora de realizar las concesiones que pedían sus jugadoras, que a su vez iniciaron una campaña en la que, bajo el lema 'Si yo fuera un hombre', denunciaban sus experiencias como futbolistas.

"Siempre jugaría en los mejores estadios", "tendría ahorros al acabar mi carrera" o "mi profesor no se hubiera reído de mí cuando le dije que quería ser futbolista profesional" fueron algunas de las experiencias que más llamaron la atención hasta que lograron alcanzar una importante cuota mediática que dio a su lucha la visibilidad necesaria a pesar de que la DBU seguía enrocada. Acabaron siendo los internacionales masculinos y no los directivos de la federación los que resolvieron el problema, aunque probablemente de forma provisional, al proponer donar 70.000 euros de sus emolumentos a la selección femenina para garantizar los derechos básicos que exigía el equipo. "Las mujeres no pueden tener menos derechos que nosotros por el simple hecho de ser mujeres" explicaron los miembros del combinado masculino a través de un comunicado.

El capitán, Simon Kjaer, no dudó ni por un momento en alinearse a favor de las demandas de su homóloga en el vestuario de la selección femenina, saliendo a la escena pública para valorar que "somos los dos equipos nacionales, estamos juntos y nos responsabilizamos los unos de los otros, y ahora la DBU también debe estar a la altura de sus responsabilidades" mientras emplazaba a la federación a aprovechar "la oportunidad de conseguir que el acuerdo quede cerrado con la oferta que les presentamos por el bien del fútbol danés". Kjaer, reconocido globalmente por su lucha contra la homofobia, también se posicionó en las redes sociales sin complejos ni tapujos de ninguna clase a favor de sus compañeras internacionales.

Kim Hallberg, el dirigente de la DBU responsable de las dos selecciones absolutas, criticó la empatía del equipo masculino y lamentó el gesto con el que lograron desbloquear la situación asegurando que se trataba de “un día histórico por malo para todo el fútbol danés”, a la vez que calificaba de “lamentables y grotescos” los acontecimientos y acusaba a las jugadoras de tomar a los aficionados como “rehenes”. Sin embargo, aquella lucha hizo de Dinamarca el país líder en igualdad en el fútbol, un mérito que la DBU quizá no tarde en atribuirse como suele suceder en estas ocasiones. Lo que es una realidad es que el fútbol femenino logró parte de lo que merecía en Dinamarca. Para que luego digan que las huelgas no sirven de nada. Quéjense mientras puedan.