Chicharito Hernández, el constructor

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El delantero mexicano parece haber cambiado definitivamente su estilo. Preocupado por la generación, en el Mundial solo pateó una vez al arco.

Acomoda los ladrillos. Los ubica en orden. Los une con algún tipo de pegamento y comienza a lijar. Luego, pasa pintura. Se preocupa por los detalles. Que no se noten las uniones. Que el trabajo sea seguro. Pasa una mano. Dos. Tres. Arregla los baños y conecta todos los sistemas eléctricos. Destapa cañerías. Acomoda persianas y limpia techos. Cuando termina, barre con una escoba y deja el lugar impecable. Toma sus cosas. Y parte. 

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A la tarde, vendrá alguien más a inaugurar el departamento. Él ya no estará para ese momento de gloria.

Probablemente haya sido de manera inconsciente. Es posible que no haya querido cambiar. Pero, a los 30 años, Chicharito Hernández modificó definitivamente su estilo de juego. Lo que antes se asumía como un delantero de área, puramente goleador, más bien definidor, ahora mutó a otra cosa: el atacante del West Ham es un constructor. 

Un dato de Chicharito en el Mundial Rusia 2018 expone las condiciones con las que ahora juega. El delantero solo ha disparado una vez a puerta en 270 minutos. Su único remate a portería, ante Corea del Sur, fue gol. Aunque la estadística habla también de cómo juega el equipo y no solo del jugador (el Tri se siente muy cómodo de contra, tiene transiciones rápidas y no siempre busca a un jugador que culmine las jugadas si no que encuentra al mejor posicionado en ese momento), parece claro que Chicharito está más predispuesto que otras veces al trabajo 'sucio'. 

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Es lento, tiene movimientos bruscos y a veces le cuesta jugar de espaldas al arco. Pero sabe jugar. Reconoce sus limitaciones (hoy, con menos físico, aún más notorias que hace unos años). Como no cuenta con velocidad, espera los tiempos justos para la descarga. Por momentos da la sensación de que parece distraído, pero nada de eso. Juega a entrar y salir todo el tiempo, cuestión que le termina dando réditos. Confunde a los defensores, que no terminan de captar si es mejor retroceder para tomarlo o mantenerse en ese lugar, y encuentra algunos centímetros de ventaja por la distracción que ejerce. 

Contra Alemania, fue el que fabricó la jugada del gol en base a saber tocar de espaldas, dibujar una diagonal perfecta para que no le ganara en velocidad y habilitar al Chucky Lozano. Ante Corea del Sur, Chicharito fue el jugador que más balones disputó, con 17. Superó a los mediocampistas centrales y a los defensores. Siempre en la lucha. 

Mucho más maduro y consciente de sus limitaciones, Chicharito está en el medio de una metamorfosis. Se la debe a su equipo, porque sabe que las condiciones no le dan como para esperar en el área a que le lleguen oportunidades. Pero principalmente a él mismo. Entendió que su juego necesitaba más. Hoy, al menos para el equipo de Osorio, su transformación es más una evolución que cualquier otra cosa.

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