Boca recibió un golpe de realidad

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Copa Argentina
Después de una goleada tras la que parecía que el Xeneize no iba a tener rivales, Central lo bajó a la tierra. Una derrota para tomar nota.

Fueron seis victorias al hilo, con cuatro goleadas incluidas, las que pusieron a Boca en la cúspide del fútbol argentino. Y justo cuando parecía que nadie lo iba a poder bajar, apareció un Rosario Central que venía golpeado para bajarlo de un tirón y no solo cortarle un invicto de 18 partidos, sino que, además, eliminarlo de la Copa Argentina en octavos de final. Un golpe de realidad del que Guillermo Barros Schelotto tendrá que sacar conclusiones.

Luego de aquellos seis triunfos consecutivos, se posicionó al Xeneize como un equipo que no tenía prácticamente competencia y que iba a desfilar a lo largo de la temporada. Era una ilusión que, si bien estuvo basada en el superador rendimiento del campeón del último campeonato, en algún momento se iba a cortar. Solo bastaba con que alguno de los rivales de fuste con los que se encontrara en el camino saliera a plantarle cara y le encontrara la vuelta a su nuevo estilo.

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El conjunto de Guillermo venía algo relajado. De la mano de la jerarquía del plantel, había aplastado a Vélez (casi sin transpirar) y a Godoy Cruz, tras reaccionar después de haber recibido un gol en contra. Ante el Canalla le pasó algo similar: el tanto de Martínez despertó a los jugadores, pero la rebeldía tardó en aparecer y el ímpetu para ir a buscar el resultado esta vez no alcanzó. Lejos de convertir cuatro tantos como en los últimos encuentros, el planteo de Paolo Montero cortó los circuitos en el mediocampo y Boca no pudo -o supo- cómo revertir la situación.

Es cierto que tampoco ligó y que mereció, por lo menos, llegar al empate. Pero el entrenador no debe quedarse con eso. "Nos encontramos con un rival que se defendió mucho, nos cerró los caminos y nos complicó. Intentamos, pero se hacía muy trabado, no tenía dinámica y nos faltó profundidad", fue el acertado análisis del DT. Ahora se viene Chacarita, que seguro ya tomó nota de cómo los rosarinos lograron algo que parecía imposible: propinarle su primera derrota en cuatro meses y, encima, mantener el arco en cero.

El cachetazo llega de la peor manera, pero en un momento en el que todavía tiene tiempo para corregir y volver a enderezarse. Así como los rivales aprendieron cómo jugarle, también tendrá el técnico que encontrar variantes para que no le vuelva a suceder lo mismo.

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