Asociados con el sufrimiento y el desconcierto

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JUAN MABROMATA/AFP/Getty Images
Argentina volvió a decepcionar, ahora contra Perú. Las sociedades que pretendía el DT siguen sin aparecer.

No hay caso, Argentina. No hubo caso contra Uruguay en Montevideo porque se jugó mal y terminaron firmando el empate; no hubo caso contra la débil Venezuela en el Monumental porque en los primeros 25 no quiso entrar y tampoco hubo caso esta noche ante el buen equipo peruano de Gareca

Cuatro entrenamientos buscando sociedades y resignando el tan anhelado (y lejano) sistema y una formación que entusiasmaba, con Dybala al banco de suplentes y Benedetto titular por la lesión de Agüero

La primera sociedad que no rindió fue la de Acuña con Papu Gómez. El Huevo regaló un tiempo jugando hacia adentro en vez de hacer la banda y desbordar por afuera. El 10 de Atalanta, aunque movedizo, se movió con y sin pelota pero no terminó de conectarse ni con Acuña, ni con Leo ni con Benedetto. En el segundo tiempo, Papu tuvo una clara que expuso que en esa posición debía jugar un zurdo. 

Argentina se esmeró no solamente por disimular su falta de variantes sino también por no lucir desesperada por un gol que nunca llegó.

Menos réditos dio la sociedad Mercado-Di María por derecha, sector que terminó ocupando un diestro como Rigoni. Tampoco hubo sintonía fina entre Banega y Biglia, quien terminó ganándole el lugar a Paredes. Para darle vuelo al medio y romper con pases entre líneas entró Gago, cuyo karma con las lesiones repentinas no se detiene. 

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La única dupla que sí funcionó estuvo muy lejos del arco de Gallese: Otamendi y Mascherano se mostraron firmes para contener a Paolo Guerrero y correctos en la salida, sin regalar la pelota. De hecho, Masche silenció críticas siendo el abanderado anímico del equipo. Pero eso nunca alcanza para ganar.

Messi nunca juega mal, pero sigue sin encontrar alguien que lo potencie, lo alivie de marcas y le libere espacios para hacer lo suyo. 

Los que meten (o no) la pelotita en el arco de enfrente son los jugadores, sí; pero la resonancia de La Bombonera, no así su público -que es el mismo que va al Monumental o a Mendoza, Córdoba o donde sea-, empujó desde los cuatro costados. Pero no hubo caso, Argentina. A seguir sufriendo a Quito.

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