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Achraf: Potenciar el talento

10:25 a. m. COT 6/11/19
Achraf Hakimi, Borussia Dortmund

Las reglas del fútbol actual son, desde un enfoque global, el alimento para los negociadores más avispados y para las agendas más cargadas de contactos. Es más fácil que nunca tener a disposición partidos que se disputan en cualquier lugar del planeta, es más sencillo contemplar las nuevas hornadas de cualquier cantera del planeta y es más accesible atreverse, por tanto, a invertir pequeñas sumas por diminutos genios que, con el paso de los años, dictarán con su progresión el porcentaje de beneficio que supone a aquellos que hicieron su trabajo antes que nadie. 

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Por ello, en un mercado que permite la creación de clubes de un mismo dueño en diferentes países bajo maquiavélicas técnicas juristas, en el mismo contexto en el que un club tiene varias decenas de jóvenes cedidos en clubes de cualquier localización mundial y en el mismo escenario que aplaude contratar niños menores de edad mediante tácticas ilícitas en cualquier otro ámbito laboral (con el único castigo de multas irrisorias para estas mastodónticas multinacionales), la clave para acabar siendo uno de los pocos elegidos del mundo del fútbol profesional (llegan un 0,2% de quienes empiezan desde niños), es absorber, relativizar, trabajar y, claro está, encontrar un lugar que potencie todo lo que llevas dentro.

No hay semillero, potrero o esquina donde ruede la pelota, que no tenga ya esa mínima posibilidad de que uno de sus niños acabe siendo la estrella de una noche de Champions League aunque, siendo absolutamente honestos, resulta milagroso que en el barrio de Juan de la Cierva en Getafe (la parada que muchos toman para ir a ver los partidos del equipo azulón), naciera uno de ellos. El Club Deportivo Colonia, conocido popularmente en la ciudad como el Colonia Ofigevi, tenía apenas 17 años de vida cuando nació Achraf Hakimi, pero el marroquí acudió allí desde que era un chaval, para formar parte de un grupo de personas unidas en base al desarrollo del fútbol en un barrio obrero y humilde. Un año necesitó para que, en un torneo local, le viera el Real Madrid y se lo llevara bajo la misma promesa que todos los clubes grandes del mundo aportan sin necesidad de mencionarlo: Esperanza en ser profesional.

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Aquella meta llegó con 19 años y, como siempre que un canterano alcanza el primer equipo, necesita un sinfín de elementos favorables para que su adaptación sea notable. La primera suele hablar de caos general en la primera plantilla que lleva al técnico a adelantar procesos con chicos jóvenes de la ‘casa’. La segunda, que esas lesiones, dudas o decisiones, permitan alargar ese proceso de minutos y hasta titularidades insospechadas, para que su protagonismo crezca en el funcionamiento de la plantilla. Y, claro, la tercera, es que no existan cambios de técnicos, nuevas ideas externas y necesidades de cambios ante malas dinámicas. Todo eso es lo que ha atravesado el Real Madrid últimamente y lo que propició que en sólo 11 meses, Achraf pasara de debutar (agosto 2017), a jugar un Mundial con Marruecos, y a ser cedido bajo la misma fórmula que usan actualmente muchos clubes grandes de Europa (dos años) al Borussia Dortmund.

En toda aquella campaña de aparición blanca, jugó exactamente los mismos partidos que suma, solamente, en este inicio de campaña amarillo, 17. Pero hoy agrega, además, 6 goles y 3 asistencias. Explicarlo nos lleva automáticamente a los pasos anteriores. Supo elegir un club que trabaja para potenciar el talento individual, que es muy selectivo con quienes pone a prueba (han pasado por allí estos años jugadores reconocidos como perlas de mercado pero que no han ganado opción y acaban siendo vendidos de inmediato: Emre Mor, Philipp, Mikel Merino o Isak, han suspendido esta posibilidad recientemente) y que ha catapultado carreras para siempre (Aubameyang, Gundogan, Dembelé o Pulisic estos años).

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Y aunque sí supone un reto un marroquí en Bundesliga (en general, a los africanos siempre les costó mucho brillar allí), no para un futbolista tan occidentalizado en su personalidad, profesionalidad y compromiso. Lucien Favre le dio protagonismo el pasado curso, pero lejos de ser impactante, dejó apenas algunos matices de lo que podía llegar a dar. Este curso, sabía que podía explotar mucho mejor a un futbolista tan veloz, tenaz, dinámico y de rupturas constantes con arrancadas individuales o sin necesidad de pelota, para ser constante receptor de pelotas a la espalda con la profundidad exterior que siempre necesita este equipo. Tanto ha experimentado Favre en dotarle de un papel vital en su BVB, que solo este curso, Hakimi ha jugado de lateral derecho, lateral izquierdo, interior derecho, interior izquierdo y extremo también por ambas bandas. Sus dos mejores shows los ha protagonizado en Champions (donde suma 4 goles) y han coincidido con partidos donde, como siempre, se atascan interiormente para un Dortmund que en estático es dominable y con espacios es amenazante. En ese contexto de buscar añadidos y variables para enfrentarse a planes tácticos que desesperen al BVB, surgió el marroquí en cada momento este curso. No es el mejor defensor, pero Favre lo asumió y ha creado un carrilero de potencia, fuerza, profundidad y más gol que nunca. En un equipo repleto de técnica y atrevimiento, todos acaban chocando por dentro (Brandt, Reus, Gotze y hasta un Sancho cada vez más lanzador de diagonales).

Un lateral que desatasca noches de Champions. Un lateral que condiciona por completo al rival. Un lateral convertido en estrella y que hoy, según tasación alocada del mercado actual, costará unos 50Mill€. Un regalo de futuro para el próximo Real Madrid. Y todo, por experimentar, buscar y regalar continuidad. Y todo, porque cada jugador necesita a un técnico que sepa darle lo que otros no supieron. Favre tenía la llave de Achraf. El arte de potenciar el talento, aquél que nació en un humilde barrio getafense… y acabará donde él quiera.