thumbnail Hola,

Explorando el contexto social de cada país, se puede observar que el fervor y la pasión que genera el fútbol, hace llegar a límites peligrosos a los fervientes seguidores.

También se puede decir culturalmente que, mientras más grande y ganador es el equipo, más atemperados y calmados son sus hinchas, con contadas excepciones.

Quizás por ser un deporte de práctica mundial, reglamentado por normas y leyes universales, creadas y vigiladas por una entidad de talla mundial como la FIFA, muchos países como el nuestro intentan aplicarlas en ámbito local, pensando en mostrar una imagen más “civilizada” en cuanto a los hinchas que acompañan partido a partido a los equipos de sus amores.

Una de estas normas, implantadas en el pasado Mundial Sub-20 que organizó Colombia en 2011, obligaba a retirar de los estadios las vallas que separaban los espectadores del campo de juego. Durante algún tiempo, relativamente corto, en Colombia no hubo inconvenientes por la aplicación de esta normativa, pues no se presentaron mayores eventos de invasión de campo o agresiones. Hoy en día las directivas del Fútbol Profesional Colombiano podrían estar pensando seriamente en reacomodar estos obstáculos, pues la agresión, sobre todo entre las mismas hinchadas rivales, se ha vuelto francamente peligrosa.

Los casos más recientes se refieren a la invasión de campo del estadio Alfonso López, por parte de hinchas del Atlético Bucaramanga en encuentro amistoso con Atlético Nacional, además de haber agredido también a la Policía local.

El mismo Atlético Nacional de Medellín fue sancionado con dos fechas jugando a puerta cerrada, por graves incidentes entre sus mismos hinchas en su último encuentro frente el Deportes Quindío, este último quedó advertido por la Dimayor y si vuelven a ocurrir este tipo de incidentes en su estadio, será también sancionado.

El caso más sonado en los últimos días a nivel internacional fue el de Corinthians de Brasil; dicho club había sido sancionado por la Conmebol para jugar durante 60 días todos sus partidos de local a puerta cerrada, todo debido a los graves hechos ocasionados por sus seguidores en el estadio de San José de Oruro en Bolivia, hechos en los cuales un aficionado boliviano murió a causa de una bengala lanzada a las mismas tribunas por los hinchas brasileños. Finalmente la sanción se redujo a un solo partido de Copa Libertadores sin aficionados en la tribuna.

¿Es tan grande la pasión que genera una camiseta, que puede llevar a cometer cualquier tipo de vejamen?

¿Vale la pena poner en riesgo la vida o la salud por defender un sueño?

El fútbol genera mil sensaciones pero ninguna debería llevar a la agresión y al odio, quizás el problema no esté en el deporte en sí, quizás el tema sea más profundo y tenga que ver con frustraciones, falencias, y situaciones personales que sumadas en un inconsciente colectivo, las convierten en un peligrosa horda dispuesta a lo que sea por defender el honor de un imposible etéreo.

Tener o no tener vallas en los estadios no va a solucionar en nada el grave problema en que se han convertido las barras bravas, más bien se debería mirar como los países europeos, que sufrieron en carne propia los desmanes de los famosos Hooligans, hicieron para convertir la pasión por el fútbol en un sentimiento sano y noble, allí los estadios no tiene vallas y si millones de aficionados

Artículos relacionados