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Miguel Calero falleció pero su recuerdo quedará intacto en los hinchas y admiradores que dejó al rededor del mundo. A pesar de la tristeza, hay que pararse y aplaudir por su vida.

Un 4 de diciembre las miradas atónitas e impotentes cruzaban de un lado a otro sin necesidad de mediar palabra alguna. Con solo un gesto, una mirada, se entendía que la tristeza y el desazón apoderaban el ambiente.

Miguel Calero, el arquero, el padre, el amigo, el compañero, el bacán, el ídolo, no pudo superar un accidente cardiovascular que desde hace unos días lo dejó en cuidados intensivos de una clínica de Ciudad de México y finalmente falleció.

Es triste, demasiado triste dar a conocer noticias de esta clase, pero más duras y profundas son, cuando se trata de grandes personas como Miguel.

El cóndor elevó sus alas como nunca antes y voló hasta lo más alto, para que desde allá arriba, desde el cielo, siga haciendo de las suyas y su recuerdo perdure siempre en nuestra memoria.

El show partió, pero debe continuar. Sus atajadas, sus goles, su personalidad dentro de la cancha no se verán más en los estadios de fútbol, pero si lo recordamos siempre como lo grande que fue, su espectáculo jamás morirá.

Calero partió a otro mundo, pero dejó un legado difícil de igualar, la familia ‘tuza’, la azucarera y la verdolaga, al igual que todo el entorno futbolístico colombiano, lamenta profundamente su muerte. Pero depende de nosotros, sus admiradores, que su recuerdo la mantenga vivo por toda la eternidad.

Se agotan las palabras para describir la calidad de persona que fue Miguel Calero, pero su enseñanza se ve reflejada siempre en la forma de encarar la vida, con esa fortaleza que lo caracterizó, pero a la vez con la humildad y la sencillez de un tipo que siempre tuvo una sonrisa en su cara.

Hay que ponerse de pie, y aplaudir la vida futbolística y personal de Miguel, un tipo con una vida intachable y que con los guantes puestos o sin ellos, demostraba siempre de que estaba hecho ese loco que se paraba bajo los tres palos.

Se nos fue ‘Miguelito’, se nos fue el show, el cóndor prendió sus alas y se echó a volar por la eternidad. Solo aplausos y palabras de agradecimiento y admiración para uno de los arqueros más carismáticos y ganadores del fútbol colombiano.

Paz en su tumba y gloria en la eternidad.

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