​Messi, un líder que habla dentro y fuera del campo

Comentarios()
Getty Images
El rosarino se echa el equipo en la espalda, firma uno de los mejores partidos de la era Valverde y vuelve a comparecer en la zona mixta.

Leo Messi jugó en Wembley como si estuviera en el jardín de su casa. Primero se dedicó a generar juego y a contagiar a sus compañeros a partir de jugadas eléctricas y a la media hora el Barcelona ya ganaba 0 a 2. Su ascendencia como líder es intachable. Apenas empezó el partido dio instrucciones muy claras a Philippe Coutinho para que se quedara en el extremo izquierdo y no intentara hacer la guerra por su cuenta, a la espera de aprovechar los espacios que, seguro, iba a regalarle Kieran Trippier en su banda. No se equivocó y a los dos minutos el Barcelona ya ganaba 0 a 1.

Coutinho: "Messi es el mejor de la historia"

También se le vio muy encima de Arthur Melo, que no dejó de acercarse al rosarino. Tanto es así que el brasileño le sirvió trece balones, más que a ningún otro jugador, confirmando que la incorporación del centrocampista place tanto al barcelonismo como a su líder, muy pendiente en todo momento de los movimientos del nuevo timonel del equipo. Messi se ofrecía, Arthur le buscaba, Coutinho esperaba, Luis Suárez se peleaba e Ivan Rakitic, oportunista, aprovechó dos remates fallidos de los dos ex del Liverpool para, después de que Coutinho, salvara un balón que se perdía por línea de fondo, Rakitic marcara uno de los goles de la joranda con una volea desde fuera del área.

Fue entonces cuando Messi resolvió enseñarle al mundo de lo que es capaz, por si lo había olvidado. Esperó hasta tener el partido relativamente dominado para intentar ver puerta por cuenta propia. Primero probó al Tottenham con dos jugadas marca de la casa que bien pudieron acabar como su gol maradoniano al Getafe hace una década pero el balón dio en el poste en ambas ocasiones. Luego se sacó de la chistera una jugada colectiva que él empezó y él acabó, abriendo para Jordi Alba a la izquierda y esperando que el lateral le devolviera un esférico que tanto Coutinho como Suárez dejaron pasar, conscientes de que Messi tenía un plan. Así cayó el tercero.

Porque quien la sigue, la consigue. El gol de Eric Lamela, el 2 a 3, no hizo más que invitar a Messi a regalar otra postal futbolística, que logró después de recuperar el balón tras notable esfuerzo físico a pesar de que faltaban pocos minutos para el final del partido y el Barcelona continuaba mandando en el marcador, para establecer el 2 a 4 definitivo. Messi no especula y en Wembley había que ganar costara lo que costara. El rosarino disfruta como un enano hablando en el campo, donde ejerce el mejor orador del planeta, incluso "de la historia" según señalaron tanto Coutinho como Rakitic al final del choque.

¿Cuántos goles llevan Messi y Cristiano en Champions?

El artículo sigue a continuación

Pero el liderazgo de Messi no se limita al juego o a los goles. Es bien sabido que, tímido e introvertido como es, nunca le gustó demasiado esto de pisar la zona mixta. Lo hizo durante años, hasta que cierta prensa comenzó a ensañarse con él por sus problemas fiscales. Curiosamente, estos mismos periodistas suavizaron el fraude de Cristiano Ronaldo, años más tarde, a pesar de que el portugués había defraudado cuatro veces más que el rosarino, que en cualquier caso ha cerrado esta etapa y abierto otra desde que recibió el brazalete de capitán el pasado verano tras la salida de Andrés Iniesta. 

La capitanía implica muchas cosas, también asumir responsabilidades en la zona mixta. Y Messi responde como lo que es, el líder indiscutible del equipo. Compareció ante el Athletic Club para pedir "paciencia" y asumir que las cosas podían hacerse mejor. Se hicieron solo tres días más tarde y, tras una buena noche, Messi resolvió salir para señalar que "era consciente de los resultados que veníamos trayendo y era una prueba dura por el rival y la competición, no es fácil jugar de visitante en UCL y ante un equipo como el de hoy, hicimos un esfuerzo extraordinario y estamos contentos por como salió todo".

Hasta comentó, con una media sonrisa pícara dibujada en la cara, que "no recuerdo la jugada del tercer gol pero hubo varias de muy buenas". Porque no quiere más protagonismo del que le toca, no en vano eligió hacer jugar a sus compañeros y solo buscó la portería contraria cuando el partido estuvo encarrilado. Remató seis veces y metió dos goles en pos de la Champions League, "la frutita del postre para todos nosotros, lo que todos deseamos". No hay duda de que la reacción ha sido superior a la esperada. Hacerlo, además, en un estadio como Wembley y ante un rival como el Tottenham, el más fuerte del grupo B, envía un claro mensaje a propios y extraños. El Barcelona sigue siendo favorito al título mientras Messi quiera.

Cerrar