Ajax: escuela de fútbol, identidad eterna

Comentarios()
Getty Images

Ruben Uría Blog

Hubo un fútbol antes de Johan Cruyff y otro fútbol después de él. Genio único y revolucionario absoluto, desprendía claridad y visión privilegiada de todos los secretos del juego. Su frase, de primero de cruyffismo, sigue impresa en la genética del Ajax: “Jugar al fútbol es muy sencillo, pero jugar un fútbol sencillo es la cosa más difícil que hay”. Justo eso es lo que hace este Ajax. Un conjunto de jugadores que se mueven como un solo hombre, con una perfecta coreografía con la pelota y un trato exquisito al gran protagonista del juego, el balón. Con esa camiseta, el estilo no se negocia: juventud, valentía, descaro y buen gusto.

Johan, en su permanente búsqueda de la perfección, en su constante innovación y refinamiento de sus ideas, enseñó el camino. Recibió la herencia de la escuela “ajacied”, la sublimó y la exportó con sagacidad y vehemencia. Su legado, inmortal, alumbró al Barça. Y generación tras generación, este Ajax ha seguido esa senda, forjando una imparable fábrica de talento. Jugar al fútbol es sencillo, pero es lo más difícil que hay. Requiere miles de horas de trabajo, necesita un modelo integrador, un estilo inquebrantable de juego y una identidad reconocible, definida hasta el extremo. Todo eso es el Ajax. En realidad, lo ha sido siempre. Es su tarjeta de visita, su divisa, su gen, su personalidad. Un club convencido de una idea, que trabaja su modelo y fía todo al talento.

El Ajax no es un simple club de fútbol. Es, en realidad, una escuela de fútbol. Una tradición que pasa de padres a hijos, un estilo de jugar que se transmite, de generación en generación, con un principio vital que entronca con una sensibilidad propia. Los niños que llegan al Ajax saben qué se espera de ellos: les tiran una camiseta y les piden que jueguen con atrevimiento, con personalidad y con valentía. Este verano, con total seguridad, los tiburones europeos, los clubes más poderosos, saquearán Amsterdam. Y los mejores talentos del club serán vendidos por el triple de lo que costaron, a precio de oro, porque el talento se paga. Pasó en su día con el Ajax de Cruyff. Pasó con el de Van Gaal. Y pasará con este de Ten Hag. En realidad, pasará toda la vida. Produce talento puro y cuando más brilla, se lo arrebatan.

Siempre en eterno proceso de reconstrucción, el Ajax es un club tan singular como único: es de los pocos que ha comprendido que hay más gloria en fabricar estrellas que en comprarlas. Sí, este verano, el amor saltará por la ventana cuando el dinero entre por la puerta. Pero cuando De Jong, De Ligt, Neres, Tadic, Van de Beek y compañía sean vendidos al mejor postor y el club recaude una fortuna, lejos de llorar su marcha, el Ajax volverá a reconstruirse. Su estilo nunca morirá. Su esencia tampoco. Venda a quien venda, la filosofía seguirá intacta. Entre otras cosas, porque en la vida, como en el fútbol, las cosas realmente importantes no se pueden comprar con dinero. Ni siquiera con todo el dinero del mundo. El Ajax es una escuela de fútbol. Y seguirá siéndolo mientras siga existiendo. Su talento se puede comprar, pero su identidad no.

Rubén Uría

Cerrar