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Eliminatorias Mundial Sudamérica

Gareca vuelve a La Bombonera, donde fue héroe y villano

21:30 CLST 04-10-17
Perú vs Colombia Copa América Centenario 17062016 Ricardo Gareca
El entrenador de Perú está entre los más insultados por los hinchas de Boca, que nunca le perdonaron haber cambiado el Xeneize por River en 1985.

La última vez que Ricardo Gareca pisó La Bombonera fue hace poco más de cuatro años, el 1 de septiembre de 2013, como entrenador de Vélez. Esa tarde, al igual que le había sucedido en cada una de las ocasiones en las que había pisado la cancha de Boca desde 1985, al Tigre le llovieron insultos desde los cuatro costados del estadio. Y lo mismo le sucederá este 5 de octubre, cuando regrese a Brandsen 805 para jugarse la chance de ir al Mundial. Porque, más allá de la importancia del partido entre Argentina y Perú en las Eliminatorias, el nombre del entrenador, en el Alberto J. Armando, es una mala palabra.

Gareca no siempre fue insultado por la gente del Xeneize: como en cada historia de odio, antes hubo una de amor. Surgido de las inferiores del club, el por entonces delantero debutó en Primera en 1978 y tras tres años con participaciones intermitentes, en 1981 se fue a préstamo por seis meses a Sarmiento de Junín, para regresar de cara al Nacional de ese mismo año, donde se convirtió en una pieza clave en el ataque junto a Diego Armando Maradona y Miguel Brindisi. Su protagonismo, desde entonces, sólo iría en ascenso.

Durante tres años y medio, entre el TIgre y los hinchas volaban corazones. A lo largo de 182 partidos, el atacante se metió a la gente en el bolsillo a base de sacrificio, grandes rendimientos contra River (al que le marcó ocho goles en 14 enfrentamientos) y un total de 83 tantos, que también le valieron su llegada a la Selección argentina. Sin embargo, por aquellos tiempos Boca no era el club ultra poderoso de hoy en día: para mediados de 1984, la situación económica del club era tan grave que una tarde contra Atlanta el equipo tuvo que jugar con camisetas blancas con los números pintados a mano, por ausencia de materiales en la utilería. Y, ante la falta de pago de los sueldos, Gareca y Oscar Ruggeri, otro emblema de aquel plantel, pidieron quedar libres.

El conflicto estalló a finales de aquel año, cuando la dirigencia se negó a otorgarles el pase. Futbolistas Argentinos Agremiados tomó las riendas de la situación y, en enero de 1985, se decretó una huelga que paralizó la pelota en todo el país. La solución, como una daga en el corazón, llegó a principios de febrero: el Tigre y el Cabezón fueron transferidos a River, que a cambio envió a Boca a Julio Olarticoechea y Carlos Tapia.

El veredicto de la gente llegaría el 26 de febrero: en Mar del Plata, el Xeneize y el Millonario disputaban un amistoso veraniego y el delantero aparecía entre los titulares con la banda roja en el pecho. Muchos hinchas viajaron hacia la costa exclusivamente para insultarlo durante los 90 minutos. Apenas seis meses después, tras sólo 12 partidos en Núñez, Gareca se fue a América de Cali, pero la sensación de traición nunca se borraría del alma azul y oro. Un dolor que persiste hasta hoy. Y que el escenario le hará sentir cuando el DT salga a intentar dejar a la Selección argentina afuera de Rusia 2018. Encima, con una banda roja en el pecho.