El factor Supercopa: un trampolín para River y un tobogán para Boca

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ANDRES LARROVERE/AFP/Getty Images
A dos meses de la final en Mendoza, todavía se ven las secuelas de un duelo que despabiló al Millonario y derrumbó al Xeneize.

Mucho se debatió en la previa de la final de la Supercopa Argentina entre Boca y River sobre cuál era la importancia real del partido. Dos meses después del triunfo 2-0 del Millonario, y más allá de la discusión sobre el valor deportivo del título en sí mismo, quedó definitivamente claro que la trascendencia del duelo era altísima: así lo demuestran los rendimientos de ambos equipos después del 14 de marzo.

Para el conjunto de Marcelo Gallardo, que llegó al Superclásico golpeadísimo y hasta con algunos cuestionamientos para el entrenador después de tres años y medio de ciclo impolutos, la victoria en Mendoza fue un trampolín que le permitió despegar definitivamente en el semestre. Si bien el fin de semana previo al duelo en el Malvinas River ya había cortado una racha de cinco partidos sin ganar con el agónico triunfo sobre Patronato, el cielo se despejó definitivamente tras la consagración contra el rival de toda la vida.

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Contra Boca, el Muñeco encontró definitivamente el equipo: Armani; Montiel, Maidana, Pinola, Saracchi; Nacho Fernández, Ponzio, Enzo Pérez, Pity Martínez; Mora y Pratto. En los tres partidos posteriores a la final, el conjunto de Núñez repitió esa misma formación (salvo contra Belgrano, que Camilo Mayada ocupó el lateral derecho) y consiguió nuevamente una dupla central confiable, recuperó fútbol en el medio y armó una dupla de ataque complementaria. Así, el rendimiento fue en alza y el Millonario no volvió a perder: sumó seis victorias en fila en la Superliga, un empate contra Santa Fe, dos triunfos ante Emelec y una victoria contra los colombianos en la Libertadores.

Para el Xeneize, en cambio, la caída puso en duda toda la estructura de un equipo que llegó a aquella definición con un año entero como líder del campeonato local y ocho puntos de diferencia sobre el escolta en la Superliga que terminó conquistando a una fecha del final. Desde la derrota, el equipo de Guillermo Barros Schelotto no solamente pareció haber perdido su identidad futbolística, sino que también vio reducida a la mitad su ventaja en lo más alto del torneo porque sumó dos triunfos, dos empates y dos derrotas. En ninguno de esos partidos, el equipo convenció desde el juego. Incluso, la sumatoria de puntos podría haber sido mucho menor si no fuera por los goles agónicos que consiguió contra Talleres y Atlético Tucumán. 

De un equipo que salía prácticamente de memoria (Rossi; Jara, Goltz, Magallán, Fabra; Pablo Pérez, Barrios, Nández; Pavón, Tevez, Cardona), las lesiones y suspensiones que comenzaron a acumularse tras el partido con River le cambiaron por completo los planes al Mellizo, que comenzó a improvisar alternativas y fueron pocas las que le rindieron frutos. Para peor, en la Copa Libertadores, el equipo sacó un triunfo y un empate ante Junior y un empate frente a Palmeiras que parecía encaminar su clasificación en el Grupo H, pero perdió contra los brasileños en La Bombonera, por lo que está obligado a ganarle a Alianza Lima en la última fecha y que los colombianos no ganen para meterse en octavos de final.

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