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España v Rusia

El equipo de los millones o el pueblo que no se enamora de los fracasos

05:32 CLT 01-07-18
Rusia
Por qué Rusia, el local, no termina de enloquecer a los locales. Ante España, todos están convencidos de que es el final.

9 de mayo del 2015. Vladimir Putin quiere hacer algo especial para la fecha. Es la celebración, como todos los años, de la victoria en la Segunda Guerra Mundial, aunque en Rusia se la conoce por otro nombre: la Gran Guerra Patria. En el desfile, el presidente lanza una campaña para que todos sus compatriotas lo acompañen a la Plaza Roja con las fotografías de algún familiar desaparecido o muerto en batalla. A ese acto se lo terminó llamando "Marcha del Regimiento inmortal".

"Creo que mi padre, como millones de soldados sencillos -y él era un soldado sencillo- tenía todo el derecho a marchar en esta plaza", dijo Putin. Detrás de él se manifestaron unas 500 mil personas. Todos levantando fotos de algún caído en la Segunda Guerra Mundial. 

No siempre se festejó el 9 de mayo en Rusia. Justo después de la Segunda Guerra Mundial, la idea fue olvidar para no infectar aún más las heridas. Unos años después, hubo un período de desestalinización en la que las fechas patrióticas también quedaron de lado. En 1965, Brézhnev, Secretario General del Comité Central del Partido Comunista, transformó el monumento al soldado anónimo de Moscú en un espacio sagrado.

Vladimir Putin, el presidente ruso que está en el poder -entre una y otra función- desde el 2000, parece obsesionado con la idea de recuperar y no dejar atrás esa victoria histórica que dejó en el piso a la Alemania nazi (aunque, claro, es un triunfo con no tanto sabor a gloria si se tiene en cuenta la cantidad de víctimas generadas y sufridas por Rusia).

El presidente de Rusia se muestra obsesionado con recuperar el pasado. Con su estrategia de las fotos, generó una historia en común, una unidad rusa en torno a la memoria que tiene un hilo evidente: el triunfo. Ahora, el 9 de mayo es un día muy especial para los rusos. Es el día de la fiesta ganadora.

El equipo de Rusia de fútbol, que se enfrentará a España en los octavos de final, es perdedor. Ya muchos están sorprendidos porque haya llegado tan lejos. Pero, a esta altura, todos saben que se acabó. Ni cuando venció por goleada a Arabia Saudita en el debut ni en el triunfo ante Egipto. Los locales siempre estuvieron excitados y revolucionados por el Mundial, pero no por sus representantes en el torneo.

"Aunque te parezca raro, el fútbol es el deporte más popular de Rusia", dice Valentin, un joven que mira un partido del Mundial en un bar de Moscú. Lo comenta porque reconoce que para la gente de Moscú el Mundial es una fiesta mucho más social que deportiva. No creen en su equipo, distinguen sus limitaciones y no se ilusionan. Y sigue: "Aquí son muy importantes los deportes de hielo. Yo juego al hockey. ¿Quieres ver fotos?". Saca su celular y exhibe su orgullo. Vestido con una armadura amarilla, se lo ve con una copa, posando con algunos compañeros. Dice que es muy bueno, que tiene un equipazo en Socchi, la ciudad en la que vive. Es comerciante y está en Moscú por 'negocios'. Muestra más contenido de su móvil. Son fotos de hinchas en la calle de las luces, cerca de la Plaza Roja, el lugar en el que los fanáticos se reúnen todas las noches para cantarle su amor a su país. Exhibe una foto de un joven con la camiseta argentina que apunta su cara hacia arriba, con los ojos cerrados. Como si no le faltara nada más para ser feliz. 

Bijma, otro ruso que decidió un día caminar por el centro de Moscú para ver con sus propios ojos qué era eso que todos llamaban 'locura' mundialista, tampoco tiene muchas expectativas. En un inglés muy básico, comenta: "Ellos...millones. Pero malos". El comentario se repite mucho. Para los rusos, no parece malo que los jugadores ganen mucho dinero, pero sí que sean incapaces de ganar para su pueblo. 

"¡Ra-sí-a! ¡Ra-sí-a! ¡Ra-sí-a!", es el grito más escuchado en Rusia. Hay un orgullo nacional que esconde lo deportivo y exhibe todo lo otro. A los locales se les infla el pecho cuando ven a los turistas sacar fotos al teatro Bolshoi o filman a la Plaza Roja. 

A diferencia de Sudáfrica en el 2010, por ejemplo, un local con nada de aspiraciones, el pueblo ruso no luce interesado por la imagen que pueda quedar de un equipo que solo puede llegar a octavos de final. Y se obsesiona con identificarse con los triunfos. El equipo de Stanislav Cherchésov es un anfitrión que se mira de reojo. Porque los rusos no están -ni estarán- dispuestos a aplaudir fracasos.