Coudet, el técnico que tuvo que cambiar para sacarse las espinas

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Amilcar Orfali/Getty Images
Tras perder dos finales con Central y cuestionado por no conseguir resultados en partidos decisivos, el Chacho sepultó todos los apodos en Racing.

Eduardo Coudet no usa redes sociales. "Yo no le quiero contar a nadie lo que estoy haciendo, porque lo quiero vivir yo", explica. También asegura que, con el tiempo, dejó de darle importancia al bombardeo constante de información: "Cuando era más joven consumía esas cosas también. Y hoy, realmente, no. Sí estoy informado, pero no consumo todo lo demás". Por eso, seguramente, el DT no conoce los apodos burlones que le pusieron en el mundo 2.0, ni los memes que le dedicaron sistemáticamente, ante cada derrota importante. Pero eso no significa que el Chacho no sintiera todavía clavadas varias espinas que había cosechado a lo largo de su carrera como entrenador.

Hasta este domingo, Coudet era el DT de las dos finales de Copa Argentina perdidas con Rosario Central, el que con el Canalla estuvo a instantes de eliminar de la Copa Libertadores de 2016 al Atlético Nacional que terminaría como campeón del certamen, el que con Racing había armado uno de los mejores conjuntos de la fase de grupos de la edición 2018 del certamen continental y luego se quedó afuera en octavos de final contra River. Pero ahora, el Chacho es el técnico campeón de la Superliga 2018/19, el primer título de su carrera en los bancos de suplentes.

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Pero eso no borra lo anterior, en el buen sentido: el entrenador sabe que, para llegar a ser éste, necesitó primero ser aquel. Porque el técnico de la Academia aprendió de sus errores del pasado y logró controlar la electricidad que transmite desde el banco de suplentes. Si el Central de Coudet muchísimas veces pecó de no saber cuándo dejar de ir al frente con furia ciega, este Racing del Chacho se caracterizó por la inteligencia para saber cuándo ahogar a sus rivales y cuándo manejar los tiempos de los partidos. Una cuestión que, por supuesto, también tiene que ver con los intérpretes.

La presencia de un jugador como Lisandro López en el plantel fue una ayuda de lujo para el DT. Porque Licha, con su tranquilidad y su liderazgo, muchas veces le sirvió tanto al equipo como al entrenador a entender que había que bajar un cambio. Si a ese líder espiritual y futbolístico se le suman jugadores inteligentes como Marcelo Díaz o Darío Cvitanich, la calma muchas veces llega sola. En especial cuando detrás hay un convencimiento de la idea, un aspecto donde descansa el gran mérito de Coudet: tanto este Racing campeón como aquel Canalla que se quedó a las puertas un par de veces podían decir de memoria a qué jugaban.

 

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