Historia de la Copa América (2007): Robinho fue Messi

Argentina era el mejor equipo de la competición, pero los brasileños le arrebataron la final.

Argentina era todo. Alfio Basile, el mismo que en 1994, para el Mundial de Estados Unidos, había juntado a Maradona con Caniggia, Redondo y Batistuta, ahora armaba otro dream team del buen pie: Riquelme con Messi, Verón, Mascherano, Crespo y con Tevez. Era 2007, era la Copa América en Venezuela y era un sueño: aplastaba a los rivales, conservaba constantemente la posesión de la pelota, era estrategia con Riquelme y Verón, era desequilibrio con Messi, era gol con Crespo y con Tevez y era hasta contagio porque Mascherano no era sólo marca sino que hasta se convertía en goleador. Todo era perfecto: hasta que algo salió mal.

Brasil era menos. Su primer partido, por la fase de grupos, contra México, comenzó perdiendo 2-0, en un encuentro que mostraba a los brasileños como los posibles fiascos de la competición. El equipo tenía poco estilo, estaba en pleno recambio, Ronaldinho ya no era el de Barcelona y por eso no acudió: las épocas de oro de Romario, Bebeto, Ronaldo y Rivaldo parecían haberse terminado. Aparecía un joven Robinho y un potente Julio Baptista. Robinho ya no estaba en Santos y pasaba sus días en Real Madrid, sin sostenerse como titular y lejos de brillar. 

Messi era Barcelona. Robinho era Real Madrid. Messi pasaba épocas fenomenales. Robinho andaba cabizbajo. Argentina era todo. Brasil era menos. Pero la final fue un partido aparte.

El 15 de junio de 2007, en Maracaibo, Argentina salió con una formación de lujo: Roberto Abbondanzieri, Javier Zanetti, Roberto Ayala, Gabriel Milito, Gabriel Heinze, Juan Sebastián Verón, Javier Mascherano, Esteban Cambiasso, Juan Román Riquelme, Lionel Messi y Carlos Tevez. En el banco, tenía a Pablo Aimar, a Lucho González y a Diego Milito. Crespo estaba lesionado. El plantel era de primer nivel.  Brasil tenía un equipo con menos nombres: Doni, Gilberto, Juan, Alex, Maicon, Elano, Mineiro, Josué, Baptista, Robinho y Vágner Love. En los suplentes, Diego y Dani Alves.

Pero los dirigidos por Dunga, que recién arrancaba su primer período como entrenador de Brasil, fueron los ganadores. Ganaron la final 3-0, con tantos de Baptista, Ayala en contra y Dani Alves. Puro contragolpe brasileño, que a los cuatro minutos del primer tiempo ya ganaba. Puro toque sin encontrar profundidad de Argentina, que ese día se levantó mal y no pudo.

Messi se quedó con las ganas de una Copa América que, por ahora, nunca ganó. La sociedad Riquelme y Messi, que la gente adoraba, no quedó en los grandes papiros de la historia. Brasil, con Robinho como figura, se robó la ilusión.