El fútbol de Pedro Lemebel

El escritor chileno, que murió hoy a los 62 años, le dedicó algunos párrafos de su literatura irreverente a la pelota y sus caprichos. Esta es la nota del sitio Copa América.

-El fútbol es una empresa trasnacional que compra y vende sujetos como esclavos que saben mover las piernas.

-Es cierto. Pero es la única posibilidad que tienen algunos de salir del barrio y ser alguien en la vida. A nosotros nos cae bien Zamorano porque aunque está millonario y famoso, nunca olvida su clase.

En el fútbol de Pedro Lemebel los malos no siempre son tan malos ni los buenos siempre tan buenos. Como en su literatura, en sus pensamientos tan desprejuiciados y valientes, su mirada apuntaba hacia donde pocos ven. El fútbol de Lemebel no es el de la televisión ni las publicidades. El fútbol de Lemebel es el del potrero. El de las canchas carentes de pasto y repletas de tierra en las que los niños pobres sueñan, se liberan de la tensión social. Y juegan. El fútbol de Lemebel es el de los pobres, el del escape. Pero no el de las grandes masas, el más elemental y básico. El que se recuerda como el más divertido y natural.

El emblemático escritor chileno, que murió hoy a los 62 años, no esquivó al fútbol entre sus extraordinarias y valientes crónicas. De hecho, le dedicó algunos textos que representan parte de su literatura. En "La enamorada errancia del descontrol", inventa una pincelada post-dictadura chilena en la que busca el significado de los hinchas, su pasión, sus símbolos ("Colo Colo, un equipo que lleva por insignia el perfil del cacique araucano Colo Colo, un personaje heroico que defendió el territorio mapuche durante la Conquista") y, también, explora el costado marginal de los barra bravas, su parte delincuencial, sus razones.

En el fútbol de Lemebel existe la cobardía ("El fútbol es otra homosexualidad tapada como el box, la política y el vino"). En el fútbol de Lemebel se precisa contemplar los márgenes de Chile. Como cuando siguió las líneas de los escritores argentinos Manuel Puig o Néstor Perlongher, nunca dudó en tomar riesgos. Aborda las minorías, pone el foco en los derechos humanos, en la violencia imposible de extirpar.

Enfrentó a las miradas cruzadas, los comentarios por lo bajo, la falta de naturalidad. Por eso el fútbol de Lemebel debe ser necesariamente distinto. "No se trata de criticar la inocencia de un entretenimiento popular, solamente que ya no se puede hablar de inocencia, ni de juego cuando se maneja la conciencia de un país con el taca taca de la tele".

El fútbol de Lemebel es básico. Es, en algunos momentos, en algunos lugares de Chile, la libertad: "El fútbol siempre fue un deporte barato, sólo basta una pelota, el rayado de la cancha y el equipo de muchachos corriendo y pateando la bola para olvidarse por un rato de la cesantía y las carencias de su medio. Allí en la cancha experimentan la única libertad corporal que conocen, la única libertad que les permite evacuar su resentimiento de chicos piojos, que se reúnen cada fin de semana bajo la insignia del club deportivo".